Misa mensual comunitaria

CELEBRACIÓN SÁBADO 24.02.18.

 

Entrada

Comenzamos la Eucaristía tomando conciencia de ser la Iglesia del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Nos reunimos en torno a Jesús, presente en nosotros y entre nosotros, para compartir su palabra, para tratar después de hacerla vida.

Nos sentamos en torno a una misma mesa, como Jesús se sentó tantas veces a hablar con sus discípulos y cuantos acudían a escucharle. Y compartimos la luz de unas pequeñas velas.

En realidad esas pequeñas velas, solo cera y pábilo, somos nosotros.

Toda vela está llamada a arder, a iluminar. Las velas no tienen luz propia, iluminan con la luz que antes han recibido y prende en ellas.

Jesús es la luz que prende en nosotros. Luz que casi siempre nos llega a través de otras velas encendidas, que a su vez antes fueron encendidas por otras, a lo largo de una cadena infinita.

La reunión de todas esas luces es la Iglesia, de la que hoy vamos a hablar.

 

Acto penitencial

Pedimos perdón por tantas veces, quizás también ahora, que estamos apagados, y decimos al Padre: Señor ten piedad.

Y pedimos perdón por  tantas otras veces en que lo que queremos es que nuestra cera no se consuma y guardamos la luz solo para nosotros: Cristo ten piedad.

Pedimos perdón, en fin, por las veces en que rechazamos la ofrenda de la luz de otras velas, creyendo que nuestra cera es mejor: Señor, ten piedad.

 

Música.

Loreena Mackennit. Never ending road.

 

NO, NO ME VOY  DE LA IGLESIA (Carlos Carretto)

Qué discutible eres, Iglesia, y sin embargo, cuánto te quiero.

Cuánto me has hecho sufrir, y sin embargo, tengo necesidad de tu presencia.

Me has escandalizado mucho, y sin embargo, me has hecho entender la santidad.

Nada he visto en el mundo más oscurantista, más comprometido, más falso, y nada he tocado más puro, más generoso, más bello…

Cuántas veces he tenido ganas de cerrar en tu casa la puerta de mi alma y cuántas veces he pedido poder morir entre tus brazos seguros.

No, no puedo librarme de ti porque soy tú, aún siendo completamente tú.

Y después ¿Dónde iría? ¿A construir otra?

Pero no podré construirla sino con los mismos defectos, con los míos que llevo dentro. Y si la construyo, será mi iglesia y no la de Cristo.

Soy bastante mayor para comprender que no soy mejor que los demás…

Aquí está el misterio de la Iglesia de Cristo, verdadero misterio imprenetable.

Tiene el poder de darme la santidad y está formada toda ella, del primero al último, de pecadores y… ¡Qué pecadores!
Tiene la fe omnipotente e invencible de renovar el misterio eucarístico y está compuesta de hombres débiles que están perplejos y que se debaten cada día contra la tentación de perder la fe.

Lleva un mensaje de pura transparencia y está encarnada en una masa sucia como es sucio el mundo.
Habla de la dulzura del Maestro, de su no-violencia, y en la historia ha mandado ejércitos a destruir infieles y a torturar herejes.

Transmite un mensaje de evangélica pobreza y busca dinero y alianzas con los poderosos…

No, no me voy de esta Iglesia fundada sobre una piedra tan débil, porque fundaría otra sobre una más débil que soy yo…

Pero, además, ¿Qué cuentan las piedras? Lo que verdaderamente cuenta es la promesa de Cristo, el cemento que une las piedras, es decir, el Espíritu Santo.
Sólo el Espíritu Santo es capaz de edificar la Iglesia con *unas piedras mal talladas, como lo somos nosotros.
Sólo el Espíritu Santo puede mantenernos unidos, a pesar de la fuerza centrífuga y disgregadora de nuestro ilimitado orgullo.

Aquí está realmente el mayor misterio de la Iglesia que yo rechazaría al cerrar mi corazón al hermano enemigo o al dirigirme en juez de la asamblea de los hijos de Dios.
Y aquí está el misterio:

En el fondo, soy yo esta masa de bien y del mal, de grandes y de miseria, de santidad y de pecado que define a la Iglesia.

 

Música

 

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2, 42-47

“42.Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. 43.El temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. 44.Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; 45.vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. 46.Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. 47.Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.”

 

Mateo 28, 16 – 20

“16.Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17.Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. 18.Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. 19.Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20.y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»”.

Preces.

-Por la Iglesia, para que viva en constante renovación y tenga los mismos criterios de vida que Jesús. Roguemos al Señor.

-Por los que hemos recibido el don de la fe; por los que buscan la verdad; para que el resplandor de la gloria de Cristo nos haga testigos creíbles de su evangelio. Roguemos al Señor.

-Para que los que tienen el corazón endurecido por el odio puedan conocer tu amor y te sirvan con generosidad. Roguemos al Señor.

-Por los que no entienden los caminos del evangelio y dudan o se desesperan ante el sufrimiento. Roguemos al Señor.

-Para que todo hombre y mujer tengan posibilidad de un trabajo digno y duradero. Roguemos al Señor.

-Señor, haz de tu Iglesia un camino de paz entre nosotros. Roguemos al Señor.

 

Ofertorio

Entregamos lo que somos y tenemos, lo que la Providencia nos proporciona cada día: pan y vino. Queremos ser solidarios con los que no tienen.

 

La paz

Démonos el abrazo de paz, don de Jesús resucitado y compromiso por una humanidad reconciliada.

 

Música durante la comunión

Gabriel Faurée

 

Oración final (Rabindranath Tagore)

Señor, dame la fuerza que necesito para llevar ligero mis alegrías y mis preocupaciones.

Dame la fuerza que haga fecundo mi amor en el servicio.

Dame la fuerza de no negarme nunca a los pobres.

Dame la fuerza necesaria para no doblar mi rodilla ante poderes extraños.

Dame la fuerza que necesito para elevarme sobre las trivialidades cotidianas.

Dame la fuerza que necesita mi fuerza para someterme a tu voluntad.

 

Despedida.

SOMOS ENVIADOS A NUESTRA VIDA DIARIA A CUMPLIR LA VOLUNTAD DEL PADRE, A SER BUENA NOTICIA DE JESÚS.

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