El legado judío

 


 

EL LEGADO JUDÍO

A partir de José Luis Sicre/Gregorio del Olmo

 

Origen y persistencia del judaísmo

Para una conciencia laica occidental resulta chocante que para nuestra historia espiritual o cultural tengan importancia los legendarios avatares históricos de un minúsculo pueblo del Próximo Oriente. Que el seminómada Abrahán del segundo milenio resulte ser nuestro antepasado. Tiene que ver con ese fenómeno histórico sorprendente que representa el judío Jesús de Nazaret, que proyectó el judaísmo más allá de sí mismo a través de discípulos, como Pablo de Tarso. Proyección que el judaísmo ortodoxo rechazó y que progresó en suelo romano.

Demográficamente, la religión judía es minoritaria en el mundo, casi insignificante respecto a la población mundial. Una entre las muchas que no superan los 20 millones de adeptos. ¿Qué es lo que le da su significación religiosa, su lugar preeminente en todas las historias y tratados de religiones?

Seguramente estos dos motivos:

  1. Su defensa, de al menos dos mil quinientos años de un monoteísmo estricto de carácter mesiánico y ético dentro de un politeísmo dominante. Una anomalía en el contexto política y culturalmente dominante que le supuso la persecución y negación de su ser. El judaísmo resistió la persecución del poder político y la seducción del influjo cultural mayoritario. Esa fuerza de resistencia y autoafirmación la mantendría después en contextos monoteístas no menos opresores. Además, la fortaleció con un reforzamiento de su estructura interna, ideológica, institucional y ética. Todavía hoy sigue siendo otra.
  2. Pero lo que le ha dado una importancia decisiva es su incrustación en el cuerpo de las confesiones religiosas con las que ha convivido y lo han combatido, a pesar de haber nacido de él: el cristianismo y el Islam. La lucha contra el judaísmo en estas confesiones parece un frustrado intento de digerir y asimilar en su totalidad la matriz judía, que se obstina en diferenciarse, y no consiente en transformarse, renovarse o convertirse, como ellas quisieran.

Sabemos que el cristianismo nace en confrontación radical con el judaísmo oficial de su época. Los evangelios expresan un rechazo y condena al ritmo de la tragedia de su fundador. Al mismo tiempo el cristianismo se apropió del judaísmo, de su historia, leída en términos de cumplimiento, lo redujo a mero proyecto o preparación. Se apropió de su Libro Sagrado, de sus palabras divinas, como dirigidas a él, algo Viejo o Antiguo en espera de su plantación y desvelamiento por los Nuevo y definitivo.

Luego, sorprendentemente, al partir del triunfo del cristianismo en el Imperio romano, Grecia y Roma dejaron de ser nuestro auténtico pasado, mientras los avatares de unos seminómadas se convirtieron en nuestra prehistoria. Pero le da al judaísmo una actualidad y presencia histórica innegables; adquiere importancia a través de su propia negación, que es el cristianismo. Éste ha desarrollado su parte más trascendente[1], el monoteísmo, y ha superado su etnicidad reductora. Esta revolución fue posible gracias a la nueva lectura que Jesús de Nazaret insinuó Mt 28,19, Is a hacer discípulos entre todos los pueblos, y sus discípulos, sobre todo Pablo de Tarso, llevaron a sus últimas consecuencias al proclamar la fe y no la ascendencia genética Mt 3,8 como la auténtica promesa para el pueblo judío. Borrando la distinción entre judío y gentil se dejó sin valor religioso la noción de pueblo judío. Pero los judíos no se dejaron arrastrar por aquella interpretación de su propia historia que, al sublimarla, en el fondo la anulaba[2]. Por eso continuó oponiéndose a los politeístas o universalistas. Su Dios era el único, pero también el suyo, se había hecho con su propia historia. Esa conciencia y vivencia de su historia, fomentada cada día en su práctica religiosa y en el recuento y custodia de su propia tradición, resultó inexpugnable. Quizá la profesión del monoteísmo como propia y peculiar de su religión fue lo que catalizó sobre él la persecución y odio de los que querían un Dios para todos por igual[3].

Por su parte, el Islam no interpretó la tradición judía, se la apropió con una lectura que la sublimaba (promesa/cumplimiento), simplemente la abolió y reescribió, rechazando la versión original judía, así como la cristiana. No hizo de la Biblia hebrea un libro sagrado suyo, sino que se apropió de sus contenidos, se sustituyó en ellos, y escribió una Historia Santa nueva, cuya clave de bóveda seguía siendo Abrahán. Solo que su bendición y promesas no se hacía por la descendencia de Isaac, sino de Ismael: se daba vuelta a relato bíblico, aceptando la dependencia del mismo. La Meca sustituía a Jerusalén.

Es curioso cómo el Islam es fiel a la tradición bíblica, depende de ella y no al revés[4], y al mismo tiempo la reelabora. Fuera de posibles contactos a través de las caravanas comerciales entre Palestina y Arabia, sabemos que entre los siglos 4º al 6º dC se afianza el judaísmo en la región. Mahoma, 570-632, mantuvo estrecha relación con los cristianos abisinios avecinados en La Meca; no sabemos si la reescritura bíblica fue obra suya o estaba ya extendida en las tribus árabes. El Corán se mantiene en la estructura religiosa judía; Juan Damasceno lo consideraba en el s. VII una herejía judía. Mahoma[5] es el último y definitivo profeta en la línea de sus predecesores hebreos, incluido Jesús, al que le dan el título de Palabra de Dios, pero no ser divino. Así que el Islam parte de la tradición judeo-cristiana y considera a sus portadores miembros de una categoría aparte, la de Gentes del Libro, con una consideración especial dentro de la sociedad islámica. Tanto en su estructura como en sus tradiciones y contenidos teológicos el Islam es deudor y testimonio de la matriz judía que en él pervive. Durante siglos eso representó tolerancia, una convivencia pacífica, e incluso colaboración intensa. Numerosos judíos tuvieron puestos relevantes en los reinos islámicos[6]. De hecho, durante mucho tiempo los judíos se encontrarán más cómodos bajo el poder islámico que bajo el cristiano. Cosa que no ocurre hoy.

El Islam asumió en sus orígenes una expansividad beligerante (frente al cristianismo que se expandió por infiltración ideológica y sociológica) y una fuerte voluntad de proselitismo religioso. Esto último supuso una reducción del elemento étnico de su confesión, que resulta mucho menos pronunciado que en el judaísmo y más próximo al modelo cristiano.

Así que las dos grandes confesiones, brotadas de su seno y en pugna diversa con ella, certifican la pervivencia y la potencia de la tradición religiosa judía, más allá de la aritmética sociológica.

 

Etapas históricas del judaísmo

Al hablar del legado del pueblo judío y de su influjo en el NT es frecuente comenzar por el destierro de Babilonia 586 aC. Desde ahí distinguimos cuatro grandes etapas:

  • Exilio babilónico 586-538 aC;
  • Dominio persa 538-333;
  • Dominio griego 333-63;
  • Dominio romano 63 en adelante.

 

+ En el primer momento, la potencia mundial es Babilonia, contra la que piensan poder rebelarse los judíos y no pagarle tributo. Esta política provocará la primera deportación 598[7]. Una nueva rebelión judía les trae represalias terribles. El año 586, Jerusalén es conquistada y el templo incendiado, los príncipes reales asesinados en presencia de su padre, Sedecías, al que sacan los ojos. El pueblo quedó dividido en tres grandes grupos: los que permanecieron en Palestina, los deportados a Babilonia y los que huyeron a Egipto. Israel sale del conflicto abolido y dispersado, pero cultural y religiosamente el resultado fue otro.

El grupo deportado a Babilonia representa la élite intelectual y religiosa. Allí vivieron en establecimientos propios, una especie de internamiento. Les estaba prohibido reunirse y llevar vida de comunidad. No sabemos con seguridad cuántos fueron deportados, porque las cifras que ofrece la Biblia no coinciden, oscilan entre 15 y 70.000. La pesadilla del destierro termina el año 538, cuando Ciro, rey de Persia, conquista Babilonia y promulga un decreto liberando a los cautivos y permitiéndoles volver a Palestina. El año 520 los profetas Ageo y Zacarías dan impulso a la obra de reconstrucción del templo, que termina el año 515. Comienza lo que se conoce como época del segundo templo, que se prolongará hasta que sea destruido por Tito en el año 70 de nuestra era.

El Exilio babilónico significó para el pueblo hebreo, ante todo, la debacle de la religión hebrea antigua, de su orden social global. La conquista y destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor inauguró la nueva forma de existencia del pueblo hebreo, que ya no le abandonará nunca, aunque pueda, la permanente nostalgia de su tierra: el Exilio-Diáspora. El judaísmo como forma religiosa específica surgió de ese fracaso. Nace el judaísmo: los hebreos se convierten en judíos. El redescubrimiento de su identidad religioso-nacional como pueblo específico le permitió resurgir de la catástrofe y asegurarse la permanencia histórica. El Exilio significó la pausa, el momento hermenéutico, que le permitió reinterpretar su pasado y fijarlo de manera imperecedera y normativa en forma de libro; libro que será de ahora en adelante su auténtica áncora de salvación a la que poder agarrarse en la procelosa navegación histórica que le aguardaba. En Babilonia el pueblo hebreo se convirtió en pueblo judío, su religión de templo comenzó a convertirse en religión de libro, adquiriendo con ello autonomía respecto a lugar y tiempo sagrados. El judaísmo sanciona el Exilio, la diáspora, como forma de su ser nacional y crea en el mismo el gran monumento de su identidad religioso-nacional: el Talmud de Babilonia.

Este período es determinante para la configuración de la conciencia del pueblo en relación con la vinculación a su territorio ancestral y el surgir de una nueva y determinante dimensión diaspórica hebrea[8]. La importancia del exilio babilónico es decisiva, porque es ahora cuando se fraguará la reacción hebrea que les llevará a una clara conciencia de su identidad cultural y religiosa, plasmada en la Biblia. A partir del mismo se genera la metamorfosis de Israel antiguo en judaísmo. Será un largo proceso de gestación durante el siguiente periodo persa y tendrá su prueba de fuego en su confrontación con el helenismo.

 

+ En la época persa, el siglo posterior a la reconstrucción del templo es muy oscuro y casi no tenemos noticias sobre los acontecimientos ocurridos durante él. En la memoria persa apenas queda memoria de ese pequeño reino anulado hacía 50 años. Pero la reconstrucción del Templo del Dios del Cielo en Jerusalén[9] y el retorno del pueblo judío a su tierra ha quedado en la historia como el paradigma de la política persa de tolerancia y absorción de las diferentes etnias y cultos en la unidad política de su Imperio. Todo ello por la detallada formulación que del hecho nos ha conservado la Biblia; por ejemplo, con el Edicto de Ciro Esd 6,2.3-5, que sería la aplicación al pueblo judío de aquella política.

No hay duda de que la clase dirigente de Israel en aquel momento crucial de su historia tiene conciencia clara, religiosa e históricamente, del papel que el rey de Persia asume en la reorganización y salvación del pueblo judío como unidad étnica y religiosa. Para ella Ciro es el creador del judaísmo, en cuanto fue quien lo hizo posible[10]. Otra actitud menos favorable por parte de la potencia dominadora hubiera llevado a la desintegración del grupo de los deportados, como les pasó a sus hermanos del reino del Norte en tiempos de Sargón II de Asiria. Y esto no solo porque liberó al pueblo de su opresor, el Imperio babilónico. La Biblia va más allá y le otorgará el papel de promotor de la restauración, una vez que descubrió en Babilonia que Yahwé, su D ios, el único Dios, está en todas partes, que toda la tierra es suya y que por tanto no hace falta ir a Jerusalén para encontrarle.

La cronología de la segunda mitad del siglo V es muy complicada. Parece que hacia el año 445 llega a Jerusalén un funcionario judío de la corte imperial, Nehemías, que termina la reconstrucción de las murallas y ejerce el cargo de gobernador de Judá durante doce años. Viene de Babilonia donde estaba concentrada la élite de la deportación, donde se ha hecho esa operación recopiladora e interpretadora del pasado en oposición a Judea, donde no había medios aptos. Nehemías busca a la persona adecuada y la encuentra en Esdras, el escriba de la ley de Dios del cielo[11], que llevó a cabo la misión de reforma religiosa hacia el año 428, durante el segundo período de la administración de Nehemías.

Los funcionarios judíos, Esdras y Nehemías, al servicio de las autoridades persas, no solo traen la encomienda oficial y los fondos para llevar a cabo la restauración material del templo y la ciudad, sino que también traen la norma organizativa de la comunidad cultual, al Ley, la Tora. Una norma compilada en Babilonia por esa nueva clase religiosa judía los escribas-legisperitos (ni sacerdotes, ni profetas, ni sabios, o todo a la vez): el libro de la Ley. Es curioso ver cómo esos mismos funcionarios judíos, que residen en Mesopotamia, se muestran tan celosos en la organización de la comunidad, bajo rígidas formas aislacionistas y puritanas que rechazan la cohabitación y la colaboración con sus correligionarios samaritanos. La misión de estos funcionarios muestra que el judaísmo babilónico está llevando a cabo por aquellos años (del siglo VI al IV) un proyecto más decisivo que el del simple retorno y reconstrucción del Templo de Jerusalén. Está volviendo a los más remotos orígenes históricos del pueblo de Yaveh, reconstruyéndolos, revisándolos y formulándolos como su Palabra total y definitiva, dando a su Dios la posibilidad de hablar por su definitivo profeta: la Biblia. A medida que va consensuándose su configuración, se la va aceptando en su sacralidad y carácter último e inapelable de Palabra de Dios. Esta peculiar teogonía/génesis bíblica, estuvo patrocinada y promovida por la política persa de respetar la voluntad de los dioses de todos los pueblos de su vasto y variopinto imperio. En este sentido podemos decir que la Biblia nace en el Imperio persa acunada por su tolerante política religiosa. La Biblia nace en la Gran Persia y con ella el nuevo culto de la Palabra (Sinagoga[12]), su lectura e interpretación (rabinismo), es decir, el judaísmo, como forma nueva de religión en que desemboca el antiguo yahwismo, como religión de Israel preexílico.

En lo religioso, la época persa supone un esfuerzo por asegurar la identidad judía cuando se ha perdido la libertad y el pueblo se encuentra disperso en lugares muy distintos del mundo[13]. Esta concentración en la propia tradición como forma de descubrimiento de la identidad interna profunda del judaísmo induce a la afirmación de formas de identidad externa, derivadas del estudio y de la aceptación de aquéllas como palabra divina: el sábado, la circuncisión y las leyes de alimentación se convierten ya desde ahora en elementos discriminantes frente a otras prácticas de religión. La biblia adquiere el valor de forma peculiar y propia de revelación, la gran garante de la diferencia. Desde ahora el libro estará siempre en el fondo de la religión judía.

Esa identidad terminará poniéndose en la idea de una raza santa y en la observancia de la ley, especialmente de la circuncisión y del sábado. Cosas que todo israelita puede practicar en cualquier lugar del mundo. La idea de raza santa se contamina casándose con gente de otros pueblos. Como remedio contra lo que se considera una tremendo pecado, Esdras y Nehemías disuelven los matrimonios mixtos. Que no volvamos a enterarnos de que cometéis la infamia de ofender a nuestro Dios casándoos con extranjeras Neh 13,27. Y Esd 10,10-11: Habéis pecado al casaros con mujeres extranjeras, agravando la culpa de Israel. Ahora, confesadlo al Señor, cumplid su voluntad y separaos de los pueblos paganos y de las mujeres extranjeras. En definitiva, una ley referente a la prohibición de que amonitas y moabitas participaran en el culto, termina dando paso a la prohibición de matrimonios con extranjeras.

Esto creo un sentimiento de xenofobia. Así lo percibió el libro de Job, que nos dejó una crítica llena de humor. Otra reacción a favor de los paganos, que siempre estuvo presente, consistió en admitirlos a formar parte del pueblo judío mediante la comprensión Is 56,6-7. Cuando los judíos se encuentran dispersos en países tan distintos, la idea adquiere fuerza especial. Surge así una actividad misionera que adquirirá grandes proporciones en los períodos helenístico y romano.

En la identidad mediante la ley se insiste en las dos que adquieren especial importancia durante esta época y la mantendrán durante siglos: la circuncisión y el sábado. En su origen, parece un rito de fertilidad o de preparación al matrimonio. En un principio se haría en grupo y durante la pubertad. En Gen 34 podría entenderse como rito de iniciación y matrimonio. A la larga se impuso la circuncisión a los ocho días de nacer el niño y el sentido del rito perdió toda posible connotación sexual. Estar circuncidado es señal de pertenecer al pueblo de Dios (valor étnico) y de estar en alianza con él (valor religioso). El sábado, aunque se discute mucho su origen, es una institución típica de Israel. Es posible que al principio no fuese una fiesta religiosa, sino un simple día de descanso Ex 23,12.

Desde el punto de vista literario, la época persa ofrece la edición de obras antiguas y la redacción de otras nuevas, algunas de gran valor (como el libro de Job). En estos siglos se transmite una nueva manera de interpretar la historia (el relato del autor Sacerdotal), se lleva a cabo la redacción definitiva del Pentateuco, se desarrolla un mundo de imágenes y de ideas que culminarán en la apocalíptica (Zac 1-8), se vuelve a contar la historia antigua con una visión distinta (historia cronista), etc.

 

+ Helenismo es un concepto difícil de definir. Abarca desde las conquistas de Alejandro hasta la conquista de Egipto por Roma, el año 30 aC, es decir los últimos 300 años antes de la era cristiana. Nos referimos a un complejo fenómeno con aspectos políticos, sociales, culturales (lengua, filosofía, artes, religión). Un dato importante del helenismo es la fusión de culturas, práctica impulsada por el mismo Alejandro. Pero quizá el fenómeno más importante del helenismo es la difusión del griego, que se convierte en la lengua de la aristocracia, la administración y el comercio, aunque los campesinos y los sacerdotes nativos mantuvieran vivas sus lenguas. Autores egipcios, babilonios y judíos escribieron sus historias en griego.

La gran paradoja de la época helenística consiste en que una persona que habla griego puede moverse fácilmente de un país a otro con la certeza de ser bien recibida en todas partes, pero sin encontrarse en casa en ningún sitio. Además, a partir de finales del siglo III surge una potencia amenazadora, Roma. La estructura de la civilización helenística no era débil, ya que sobrevivió a la derrota de los estados helenistas, pero la vida diaria resultaba peligrosa. De hecho, rebeliones y guerras eran frecuentes y cada vez más catastróficas. La filosofía y la religión proporcionaron una escapatoria de los compromisos terrestres y un consuelo en medio de las desgracias.

Desde que Alejandro Magno conquistó Palestina, Judá estuvo sometida a monarcas helenistas. Primero a los Ptolomeos de Egipto 314-198; luego a los Seleúcidas 197-142. Pero los judíos están ya dispersos por todo el mundo. En Babilonia, Egipto, Asia Menor, Grecia, Roma existen comunidades judías. El influjo del helenismo será muy distinto según cada uno de esos lugares. La helenización es menor en Palestina, mientras alcanzaba su cota más alta en Alejandría. La helenización de los judíos consiste en la sustitución del hebreo y arameo por el griego, en la adopción de nombres propios griegos, en la aparición de una literatura y filosofía judeo-helenista, y en cierta desviación religiosa y sincretismo, tal como se advierte en las instituciones legales y en el arte. Este contexto cultural, con la gran difusión del griego, explica uno de los fenómenos más importantes de la era helenística: la traducción de los escritos sagrados judíos a dicha lengua. Se llevó a cabo a principios del s III[14] en Egipto, donde hubo una gran y voluntaria emigración judía durante esta época[15]. Este fenómeno cultural que fue el helenismo obligó a los judíos a enfrentarse a él y definirse. Se trataba de la confrontación más ardua de toda su historia, superior incluso a la que supuso la derrota ante el paganismo vencedor que los llevó al Exilio.

El Imperio de Alejandro se dividió a su muerte en cuatro partes. Las que afectan a los judíos son Egipto (gobernado por los Ptolomeos) y Siria (dominada por los Seléucidas). Palestina, dada su excelente posición estratégica y comercial, será víctima de las envidias y luchas entre estas familias por poseerla. Durante el siglo III dominan los Ptolomeos; durante el II, los Seléucidas. Contra estos últimos tendrá lugar el gran levantamiento de los Macabeos.

  • La revuelta de los Macabeos significa una lucha dentro del pueblo judío, un enfrentamiento entre dos grupos claramente delimitados: los partidarios de la tradición y los defensores del helenismo. En principio, la revuelta nos e dirige contra Siria. Solo más tarde, cuando los sirios ayuden a los helenistas, terminará convirtiéndose en una guerra contra la potencia invasora.
  • Lo que comenzó por una lucha por la libertad religiosa terminó en una batalla por el poder político. Quizá era inevitable, porque resultaba imposible garantizar la observancia de la Ley y de las tradiciones mientras no se tuviese cierta independencia. Pero no todos los contemporáneos de los Macabeos pensaban de la misma manera. Algunos se sintieron insatisfechos del matiz político que iba tomando la rebelión y dejaron de prestar su ayuda.
  • La rebelión macabea, capitaneada inicialmente por hombres de profunda valía, terminará llevando al poder a gente inepta, ambiciosa, vengativa. Las luchas dinásticas y las tensiones internas provocarán la intervención de Roma, señora del mundo antiguo. El año 63, Pompeyo conquista Jerusalén y anexiona Palestina a la provincia romana de Siria.

En los mismos años en que Judas Macabeo empuñaba la espada para defender la libertad de su pueblo, un autor desconocido cogía la pluma para consolar a sus contemporáneos en esos momentos de tribulación. La obra que nos legó, el libro de Daniel, es una de las más interesantes de la Biblia judía y fundamental para entender muchos aspectos del cristianismo primitivo. Ese libro se inserta en una corriente teológica y literaria que había comenzado siglos antes y que se prolongará en los siguientes: la apocalíptica. Entre otras características, lo más importante de esta corriente es su visión de la historia, sobre todo la conciencia de que el fin es inminente. Para los autores apocalípticos no existe un mundo, sino dos: el mundo malo presente, con su pecado y corrupción, y el mundo futuro, en el que se pondrá fin al mal. Pero lo más importante es el convencimiento de encontrarse al final de este mundo y a las puertas del futuro.

Según Flavio Josefo, en esta época surgieron las tres filosofías o sectas más importantes de los judíos: saduceos, fariseos y esenios.

  • Los saduceos, dice Flavio Josefo, cuentan sobre todo con los ricos; no tienen al pueblo de su parte. Esta doctrina es profesada por pocos, pero éstos son hombres de posición elevada. Para entender por qué la aristocracia se adhirió a esa tendencia, recordemos que la clase sacerdotal alta tenía a su cargo la dirección de los asuntos políticos. Los saduceos solo reconocían como vinculante la torá escrita y rechazaban las tradiciones de los antepasados, es decir, la interpretación de la Ley que se había ido transmitiendo durante siglos. Es posible que solo consideraran el Pentateuco como texto canónico en sentido estricto, aunque otros piensan que también admitían a los Profetas y los otros escritos, exceptuando a Daniel y Ester.
  • El término fariseo procede del arameo perisha, que tiene dos acepciones: explicar y separar. En el primer caso, el fariseo significa intérprete; en el segundo, el separado. Separado a veces se convierte en sinónimo de santo. Los fariseos se consideraban la verdadera comunidad de Israel por sus aspiraciones de pureza legal y observancia de la Ley, y se esforzaban por mantenerse separados del resto de la gente vulgar, que no comparten sus aspiraciones. Según Flavio Josefo, los fariseos existían ya antes del año 150. En tiempos de Herodes no eran muy numerosos, unos seis mil. Se admite que fueron los fariseos quienes marcaron la teología y la espiritualidad del pueblo judío tras la destrucción del templo de Jerusalén. Eran un grupo heterogéneos de sacerdotes y laicos, gente influyente y otra humilde, personas cultas o simples artesanos, que reivindican el derecho y el deber de ser santos. O sea, el derecho y el deber de cumplir las normas de pureza ritual, que ciertos grupos (como los saduceos) restringían a los sacerdotes. El fariseo era miembro de una asociación, tenía sus jefes y sus asambleas. Parece que celebraban una comida en común, especialmente el viernes por la tarde, al comienzo del descanso sabático. Otro aspecto esencial era su valoración de la Ley oral. Frente a los saduceos, los fariseos conceden gran valor a las tradiciones de los antepasados. También se distinguen de los saduceos por su creencia en la inmortalidad.
  • Para muchos el movimiento esenio[16] surge en Palestina a finales del siglo III o comienzos del II, antes de que estallase la crisis del helenismo. Josefo subraya su dedicación a la virtud, la austeridad de su vida y su desprecio de las riquezas, que los lleva a tener todo en común. Viven en comunidades, dirigidas por un superintendente, a las que se entra después de un año de prueba y tras pronunciar unos terribles juramentos. Su forma de vida parece haber tenido gran influencia en los monasterios medievales. Esta forma de vida recuerda en muchos aspectos a la de los primeros cristianos. Parece probable que Jesús estimaba a los esenios, pero que no estaba de acuerdo con su actitud ante la mujer, los niños, el matrimonio, los enemigos y su forma de vida demasiado ritualizada. La gran diferencia entre ellos parece ser la que existe entre un grupo cerrado, que busca la perfección al margen del mundo, y la mentalidad abierta, que intenta romper todas las barreras en busca de un Padre común y de una fraternidad universal, sin excluir a nadie por razón de sexo, edad o condición.

 

+ El año 63, Pompeyo conquista Jerusalén y entra en el santuario del templo, cosa reservada al sumo sacerdote. Luego nombra a Hircano sumo sacerdote, decapita a sus principales enemigos y somete al país a tributo. Desde entonces se difunde un profundo sentimiento antirromano en una gran parte del pueblo, como cualquiera otra nación sometida[17].

Herodes nació en año 73. Su carrera política comienza de muy joven, a los 22 años; su padre, que era procurador de Judea al servicio de Roma, lo nombra gobernador de Galilea. Cuando Marco Antonio sea derrotado por Octaviano, logrará que éste lo nombre rey de los judíos, el año 30. Sus obras más duraderas fueron sus construcciones: el templo y el palacio de Jerusalén; las ciudades de Cesarea Marítima y Antípatris; numerosas fortalezas-palacios (Masada, Herodion, Cipros, Jericó, Hircania). Pero, a pesar de sus obras públicas, que sirvieron para dar trabajo al pueblo, Herodes, idumeo de origen, nunca logró ganarse el amor de los judíos. Así habla de él, tras su muerte, Flavio Josefo: Fue un hombre inhumano con todos y de iras desenfrenadas; menospreció el derecho y lo justo. La suerte le fue sumamente propicia, pues de simple particular, se elevó al trono real; a pesar de que lo rodearon innumerables peligros, escapó a todos, muriendo en edad avanzada. En cuanto a los asuntos domésticos, especialmente con relación a sus hijos, a su parecer fue un hombre feliz, pues creyó haberse impuesto a sus enemigos, pero en mi opinión debe considerársele sumamente infeliz y miserable.

Herodes dividió el reino entre sus hijos. El testamento debía ratificarlo Augusto e introdujo algunas modificaciones. A Arquelao solo le concedió el título de Etnarca, y recibió Judea, Samaria e Idumea. Antipas recibió Galilea y Perea. Filipo, Gaulanítide, Iturea, Traconítide y Auranítide. Al ser vasallos de Roma, los tres estaban sujetos al gobernador de Siria. La muerte de Herodes y la subida al trono de Arquelao provocaron nuevos disturbios en todo el territorio. En Jerusalén hubo una revuelta con muchos muertos, surgen jefes de guerrillas. Tras la deposición de Arquelao, Judea pasó a convertirse en provincia romana, dependiente de un Prefecto. Los prefectos romanos durante la infancia y la vida de Jesús fueron Coponio 6-9, Marco Ambíbulo 9-12; Annio Rufo 12-15, Valerio Grato 15-26 y Pilato 26-36, un hombre cruel que parecía disfrutar irritando a los judíos. Agripa lo describe como inflexible de carácter, arbitrario y despiadado; lo acusa de venalidad, desafueros, robos, ultrajes, de crueldad salvaje e incesante (en una obra de Filón). De hecho, fue una última matanza (en este caso de samaritanos) la que provocó que el gobernador de Siria, Lucio Vitelio, lo destituyese en el año 36. Enviado a roma, parece que se suicidó.

Concretando en la región, la oposición de los galileos a los romanos se advierte ya desde los comienzos de su dominio. Las duras represiones del conquistador Casio y luego de Herodes no consiguieron el sometimiento galileo. Atacaron al general de Herodes, Prolomeo, le dieron muerte, y huyeron devastando la región. Herodes, en represalia, hizo matanzas… Según Flavio Josefo, la rebelión de Galilea no traía solo malas consecuencias para Herodes, sino para todos los habitantes de la región a los que los rebeldes infringían daños no menores que una guerra. La época en la que actuó Jesús fue tranquila. Tácito dice: en tiempo de Tiberio hubo calma. Aunque con momentos de calma muy tensa. Ningún judío, mucho menos los galileos, cuyo amor a la libertad subraya siempre Flavio Josefo, podían ver con gusto el dominio romano, que traía como consecuencia la exacción de tremendos impuestos.

A este respecto hay que decir que es anacrónico hablar de zelotas en tiempos de Jesús. Había personas celosas de la Ley, que podían mantener posturas extremas, pero no estaban organizadas en ningún grupo o partido político. Josefo describe lo que le ocurrió al movimiento independentista iniciado con Judas el Galileo, que evolucionará hasta convertirse en sicarios: brotó en Jerusalén otra especie de bandidos, los llamados Sicarios, que mataban a las personas en pleno día y en medio de la ciudad. Especialmente durante las fiestas se mezclaban con la muchedumbre y herían a sus adversarios con los pequeños puñales que llevaban ocultos bajo sus ropas; luego, una vez caídas las víctimas, los asesinos hacían coro con los que se indignaban por ello, de manera que, incluso por su aspecto digno de confianza, resultaba absolutamente imposible descubrirlos. El primero que cayó asesinado fue el sumo sacerdote Jonatás; después de él, despachaban a muchos todos los días. Pero todo esto sucedió hacia los años 50-60, bastante después de la muerte de Jesús. Este grupo corresponde a lo que Josefo llama la cuarta filosofía. A pesar de los crímenes que cometieron en ciertas ocasiones, estaban imbuidos de una fuerte mentalidad religiosa. El partido de los zelotas se organiza en Jerusalén el año 66, al rebelarse contra Roma. No tenía trasfondo ideológico ni religioso.

 

La formación del canon bíblico judío

La producción literaria de Israel se extiende a lo largo de muchos siglos. De todo eso recogieron una parte con un criterio que no solo fue literario o cultural, sino teológico. Ya dijimos que el judaísmo se consolida a partir de su choque contra el helenismo, sobre todo en la definitiva confrontación que supuso el segundo Exilio y la masiva expulsión de Palestina por los romanos. El pueblo judío, su élite concienciada, hace acopio en ese momento de toda la tradición y comienza su sistematización, que culminará en las grandes síntesis de la Edad Media. Desde este momento el judaísmo es ya una realidad histórico-religiosa perfectamente definida, que evoluciona y se enriquece internamente al ritmo de su convivencia, más bien tumultuosa, con los grupos históricos en los que se encuentra inmerso.

Movidos por un espíritu de fe, recogieron las obras que exponían su identidad como pueblo que se siente elegido por Dios y llamado a cumplir en el mundo una misión religiosa. Pretendieron que esas páginas del pasado animasen a ser fieles a Dios en el presente y alentasen la esperanza del futuro. Quienes hicieron la selección recogieron lo que consideraban esencial. Como las tradiciones sobre Abrahán, la revelación del Sinaí, las ilusiones de la monarquía naciente, la experiencia trágica del destierro, las palabras de los profetas, las reflexiones de los sabios. Pero también eran esenciales las listas de los antepasados, los límites geográficos de cada tribu, las leyendas sobre héroes famosos, el proverbio bien formulado, el canto de amor o de guerra. Todo ello refleja la vida real, y en esta serie de composiciones tan diversas descubría Israel su identidad de pueblo elegido por Dios. Dividieron su producción literaria en tres grandes bloques:

  • Torah, que significa Ley, y abarca los cinco primeros libros (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio).
  • Nebiim – Profetas, que se subdivide en profetas anteriores (Josué, Jueces, Samuel, Reyes) y profetas posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los doce profetas menores).
  • Ketubim – Escritos. Las restantes obras: Salmos, Proverbios, Rut, Cantas de los Cantares, Job, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías y los dos libros de Crónicas.

Algunas obras literarias de Israel se perdieron a lo largo del tiempo y otras muchas quedaron excluidas de la selección final. ¿Quién hizo la selección? Es probable que en tiempos de Esdras, la Torá o Pentateuco adquiriese ese puesto privilegiado que tiene entre los judíos. Curiosamente esos son los únicos libros del AT que admiten también los samaritanos. Por tanto, se supone que durante el siglo V aC, cuando judíos y samaritanos estaba dominados por los persas, Esdras, con el apoyo de la autoridad imperial, habría impuesto ese conjunto de libros como textos sagrados. En ellos se recogían las  tradiciones más antiguas, desde los orígenes hasta  Moisés, y se daban numerosas normas civiles o religiosas de conducta. El Pentateuco era una forma de que el pueblo recuperase en parte su identidad perdida y tuviese una ley común. Pero poner de acuerdo a judíos y samaritanos era una tarea casi imposible, después de seis siglos de discordias; solo la intervención de los persas explica que todo ellos aceptasen estos libros como patrimonio común.

Luego se añadieron entre los judíos los libros proféticos y otros. Hay la teoría que este proceso de selección terminó en el llamado Sínodo de Yamnia. Se dice (aunque no sea seguro) que, después de la caída de Jerusalén en manos romanas a70, Johnatan ben Zakkai fundó en Yamnia una escuela rabínica que estableció entre los años 90 y 100 el canon palestino. Lo más seguro es admitir que durante el siglo I de nuestra era se aceptaban popularmente una lista de 22 o 24 libros que tenían por sagrados. En todo caso, el canon hebreo no se fijó rígidamente hasta finales del siglo II o comienzos del III. Los responsables últimos parece que fueron los fariseos. No sabemos con exactitud qué criterios siguieron los judíos para decir si una obra manchaba las manos, es decir, si estaba inspirada. Entre ellos mismos existían discusiones y puntos de vista distintos. Parece que ciertos grupos, que terminaron imponiendo su mentalidad, no aceptaban como lengua sagrada el griego. Por consiguiente, los libros escritos en esa lengua no fueron admitidos en el canon (Sabiduría, ciertas secciones de Ester y Daniel, etc.). También parece que influyeron motivos políticos. Los fariseos, responsables últimos de la selección, eran enemigos de los Macabeos; lógicamente, no admitieron como inspirados los dos libros que tratan de estos personajes.

El canon cristiano del AT

Si los judíos tenían discusiones, los cristianos también. Algunos solo aceptaban el reducido canon judío, otros les añadían los llamados deuterocanónicos. El caso es que surgió poco a poco el canon amplio, con todos los libros actuales. Algunos cristianos no reconocían esa ampliación, el debate fue muy agudo durante la Reforma. Lutero, su traducción, puso los añadidos como libros que no se igualan con la Sagrada Escritura, pero cuya lectura es útil y buena. El Concilio de Trento impuso entre los católicos el canon amplio, basándose en su uso continuo dentro de la Iglesia. Entre las iglesias orientales separadas, admiten el canon amplio la siria, copta, armenia y etíope. La rusa rechaza los deuterocanónicos a partir del siglo XVIII. La griega deja libertad de opinión.

 

 

[1] Como ya vislumbraban los círculos proféticos del Exilio Is 60; 55,18-24 y presuponía la bendición de Abrahán: Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo Gn 12,3

[2] Superar la etnicidad da trascendencia y al mismo tiempo debilidad al cristianismo hasta amenazar a veces su supervivencia. Un cristiano nacionalista puede prescindir de la religión como ajena a su ciudadanía, incluso combatirlo, lo que es inconcebible en un judío, aun en el agnóstico o ateo. Sus orígenes y prácticas religiosas le seguirán toda la vida, aunque sea reducidas a mero elemento cultural de su identidad judía. Esa etnicidad de lo religioso es lo que da consistencia socia e histórica a los pueblos musulmanes, en especial a los árabes.

[3] Recordar lo que Steiner dice sobre el antisemitismo. O la tesis de Freud.

[4] No existe en ningún grupo de antiguos habitantes de la Arabia preislámica una tradición autónoma de este tipo y contenido.

[5] La figura de Mahora resulta fuertemente bíblica-hebrea: es profeta y a la vez jefe político-militar que une a las tribus árabes, adheridas a su experiencia y revelación religiosa. Como un nuevo Moisés-Josué predica y lucha contra los señores paganos de La Meca, los beduinos y los judíos, a los que arrolla y expolia sin piedad. El relato de esas batallas bien habría podido haber dado lugar a un Libro de Mahoma, al estilo de Josué o I Samuel de la Biblia hebrea. En este aspecto el Islam y su fundador se diferencia esencialmente del cristianismo evangélico y su Maestro, en el método, aunque coinciden en la aversión a los judíos.

[6] Por ejemplo: un judío, Samuel Ibn Nagrella, estuvo, a la mitad del s XI, al frente de ejércitos del Islam en las luchas contras los principados de la España musulmana.

[7] En el año 722 había ocurrido la primera deportación/absorción del pueblo de Israel (Samaría) por los asirios. Con ellos diez tribus del pueblo hebreo desaparecen del escenario histórico, disueltas en el Imperio Asirio. Aguanta solo Judá (Benjamín), a la espera de que el nuevo poder, el Imperio neobabilónico, que suplanta al asirio, acabe con el reino de Jerusalén e imponga el Exilio.

[8] A partir de entonces este  pueblo llevaría mayoritaria y predominantemente una existencia simbiótica, de implantación/distanciamiento, de guetización cultural y religiosa en contextos geográficos y culturales alejados del suyo original.

[9] El proceso sería mucho más lento, penoso e ineficiente de lo que se da a entender. El mismo retorno sería demorado por la distancia física, también por el cambio de religiosidad de los exiliados en aquellos años de desarraigo. Probablemente no iría más allá de la reconstrucción del altar y recuperación del culto al aire libre, cosa que quizá ya habrían hecho los que quedaron en Judea. Es posible que un pequeño grupo soñase con la reconstrucción del templo, en memoria de sus padres que les habían contado (ninguno de ellos había visto el antiguo), pero no era posible la restauración política apoyada en una dinastía que ya se había disuelto como modelo de restauración nacional. El testimonio de Is 55,3 es decisivo: ya no eran los ungidos, sino la misma comunidad pos-exílica la que debía asumir tal oficio ante los pueblos extranjeros. Según el tercer Isaías su Dios no precisaba un templo en Jerusalén, el que había abandonado para establecer su morada entre ellos en la misma Babilonia: Así dice el Señor: el cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué templo podéis construirme o qué lugar para mi descanso? Is 66,1. Ahora el énfasis se pone en la palabra por encima del culto: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras Is 66,2. Reconstruir el templo sin una Ley que lo rigiese de acuerdo con las nuevas exigencias religiosas no era realista. Necesitaban una pauta y un texto determinante que guiase su proceder. De hecho, la restauración funcionó solo cuando la tomó por su cuenta y se implicó en ella la administración persa. Lo hizo probablemente por razones geoestratégicas y no sin antes disponer de una Ley cúltico-social que determinara la función del templo y de la comunidad que sustentaría su culto, convertida a su vez en unidad fiscal.

[10] Tres poemas-oráculo le dedica el profeta del Exilio, el Segundo Isaías: su elección-vocación Is 41,1-3; su investidura Is 45,1-8; su misión Is 48,12-15, según el esquema legitimador que la biblia reserva para sus grandes líderes como Josué.

[11] El paso consiste en hacer a la Ley Palabra definitiva, la palabra escrita, la nueva Torá, son simple instrucción, sino texto. Esta nueva Torá acabará suplantando a sacerdotes y profetas antiguos. Esdras está descrito como sacerdote-escriba, por eso deja constancia de la genealogía sacerdotal de Esdras hasta Aarón, Esd 7,1-5, para que no hubiera dudas. Este nuevo sacerdocio crecido en Babilonia estaba llevando a cabo, desde hacía años, otro retorno, el retorno al pasado para poder volver de manera eficaz a la nueva Jerusalén. Era esencial reconstruir Jerusalén y poner por obra la Ley que en Babilonia se había codificado.

[12] Los orígenes de la liturgia sinagogal, como culto organizado, parecen remontarse, cuando menos, al siglo III aC.

[13] En su lucha por explicar su pasado y encontrar su futuro, el pueblo judío se había liberado de la concepción local-territorial de su religión y había descubierto una nueva forma de culto que le aproximaba más a Yahwe: el culto de la palabra, la Biblia; la Sinagoga al lado del Templo. Nacía así la Diáspora como forma del ser histórico del pueblo judío, libremente asumida y desarrollada a lo largo delos siglos. Digamos que la tolerante permisividad persa (que suba el que quiera o se sienta movido) hace aflorar la nueva situación y obliga a tomar partido ante la doble posibilidad de realizar el ser judío: en Palestina o fuera de ella.

[14] Con la dispersión de las comunidades judías por el mundo helenístico, se hizo imperiosa la traducción al griego. Se hizo (Septuaginta), en el siglo III aC, para las comunidades grecohablantes de Egipto. Cuando el NT cita al antiguo, se suele utilizar esa variante. Es como el puente entre el judaísmo y el cristianismo. En el siglo III Jerónimo produjo la Vulgata, una traducción en latín imperial de la Septuaginta. …Luego, los intrincados caminos, la lucha contra los significados y los hallazgos, el control oficial ante las sucesivas traducciones vernáculas… Tantas versiones.

Por el genio mismo del idioma hebreo clásico sus palabras tienen una riqueza posible de interpretaciones sin parangón en ninguna otra lengua escrita. El mismo grupo consonántico, con diferentes vocalizaciones, puede ser interpretado en sentidos completamente distintos. Hay una multiplicidad de presuntos significados, de implícitos giros y juegos de palabras. Una palabra bíblica late, por decirlo así, dentro de un aura de significados concéntricos y ecos. Su peculiaridad sintáctica supone importantes consecuencias hermenéuticas. (la profecía no atañe en ningún sentido evidente al futuro, como sucede en los oráculos griegos, o en la predicción cristiano-helénica. La temporalidad de las palabras de Dios es intemporal. En un sentido, la predicción se ha cumplido ya, pues se ha hecho perfecta en la máxima divina. En otro, es eternamente presente. Es el ahora que centellea con la ira o la bendición de Dios. En un tercer y totalmente intraducible sentido, la profecía toca también lo imperfecto, lo todavía no cumplido y por tanto revocable –Jonás-). En este sentido podemos decir que las traducciones del hebreo bíblico son siempre insuficientes, inexactas.

Una parábola afirma que la transcripción errónea, al dictado del Señor, de una sola consonante, inició en el universo la grieta por la cual se ha abierto paso todo mal, todo sufrimiento y toda injusticia. El cristianismo neoplatónico discrimina entre la palabra y el espíritu, atribuyéndole a éste cierta independencia respecto al texto escrito. El judaísmo bíblico no conoce esta separación. La palabra es el espíritu. La letra es el significado, cada alef tiene en sí algo del aliento de Dios. Proverbios 18,21: la muerte y la vida están en poder de la lengua. (George Steiner, UN prefacio a la Biblia).

[15] Alejandría se había convertido en una ciudad de judíos, según Josefo eran al menos la cuarta parte de sus 100.000 habitantes. Fue el epicentro donde se llevaron a cabo las operaciones helenísticas más importantes para el judaísmo: no solo la traducción de la Biblia al griego. A su influjo se debe el primer libro de autor de la tradición hebrea: Eclesiástico, escrito por Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirah. Luego el libro de la Sabiduría, ya escrito directamente en griego y empapado de helenismo. Finalmente el caso de Filón de Alejandría, un judío sincero y leal que ha asimilado la cultura helenística y quiere fusionarla con la judía.

[16] Escribe Flavio Josefo: Desprecian los peligros; superan los dolores con la reflexión; estiman la muerte, cuando llega con honradez, como mejor que una inmortalidad. Por lo demás, su ánimo fue sometido a todo género de pruebas por la guerra contras los romanos, en la cual, estirados y retorcidos, quemados y fracturados, hechos pasar por todo instrumento de tortura, para que blasfemases del legislador o comiesen algo ilícito, no toleraron someterse a ninguna de estas dos órdenes, ni adular a los torturadores o llorar; sonriendo entre los espasmos y tratando irónicamente a quienes los torturaban, entregaban serenamente el espíritu como personas que estaban a punto de recibirlo de nuevo.

Aunque entre todos los hombres son casi los únicos que viven sin bienes ni posesiones por libre decisión, no por mala suerte, ellos se consideran extraordinariamente ricos, pues consideran que la frugalidad unida a la alegría es, como lo es de hecho, la mayor riqueza. Entre ellos no existen esclavos, todos son libres y se ayudan mutuamente.

Tales son los atletas que produce esta filosofía, que ignora las sutilezas de la elocuencia griega, pero que propone como ejercicios gimnásticos el cumplimiento de acciones encomiables gracias a las cuales se logra una absoluta libertad.

[17] Tácito pone en boca de un general britano el siguiente discurso: Saqueadores del mundo, cuando les faltan tierras para su sistemático pillaje, dirigen sus ojos escrutadores al mar. Si el enemigo es rico, se muestran codiciosos; si es pobre, despóticos; ni el Oriente ni el Occidente han conseguido saciarlos; son los únicos que codician con igual ansia las riquezas y la pobreza. A robar, asesinar y asaltar llaman con falso nombre imperio, y paz al sembrar la desolación. La naturaleza ha dispuesto que lo más querido para cada uno sean sus hijos y familiares; las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras. Aun en el caso de que vuestras esposas y hermanas hayan escapado a la lujuria del enemigo, están siendo manchadas por unos falsos amigos o huéspedes. Los bienes y las fortunas están siendo arruinados por los tributos; la cosecha anual, por los aprovisionamientos; vuestros mismos cuerpos y manos, entre golpes e insultos, para hacer viables los bosques y los pantanos… Britania compra y sustenta diariamente su propia servidumbre.