LEER EL EVANGELIO HOY –

 Comentarios con Mt 22,1-14

LEER ESA PALABRA EVANGÉLICA

Gilead – Marilynne Robinson

Aquí ha habido héroes y santos y mártires, y quiero que lo sepas, porque es la verdad, aunque nadie lo recuerde.

Esos santos envejecieron y los tiempos cambiaron y acabaron pareciendo unos excéntricos, unos incordios, y nadie quería escuchar sus viejos sermones atemorizadores ni sus rancias historias visionarias.

He reflexionado sobre esto muy a menudo: cómo cambian los tiempos y cómo las mismas palabras que mueven a tantos de una generación a establecerse en unas desoladas tierras salvajes resultan fastidiosas o carentes de sentido para la siguiente.

 

LAUDATO SI

  1. El mismo cristianismo, manteniéndose fiel a su identidad y al tesoro de verdad que recibió de Jesucristo, siempre se repiensa y se re-expresa en el diálogo con las nuevas situaciones históricas, dejando brotar así su eterna novedad.

 

 

Mt 22, 1-14

Volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a todos sus convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto, venid a la boda. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

 

¿Una parábola pre-mateana?

Podría muy bien ser que hubiera aquí una parábola que Mateo recibió de su tradición:

Un rey preparó el banquete nupcial de su hijo. Como corresponde a un rey, envía un gran número de esclavos para pedir a los invitados la asistencia a la fiesta[1]. El segundo envío implica una elevación de tono. El rey ahora hace anunciar a sus invitados, expresamente, las delicias del banquete para el cual ha sacrificado con generosidad regia numerosos terneros y otros animales. Contrasta con esta generosidad la indiferencia y descortesía de los invitados que, sin una palabra de excusa, se aplican a sus tareas agrícolas o a sus negocios[2]. ¡No es modo de comportarse con un rey! Se comprende su cólera contra los indignos invitados y que ordene a sus esclavos invitar en su lugar a toda clase de gente de la calle[3], hasta que se llena la fiesta nupcial. Fin de la parábola.

El resto de versículos habrían sido añadidos por Mateo en una función parenética, es decir, de exhortación o amonestación. Una advertencia para su comunidad en una segunda parábola (el comensal sin el vestido apropiado). En todo caso, el énfasis de la primera parábola (los invitados al banquete) sigue recayendo en la primera parte: la negación de los invitados a acudir a la boda, la indiferencia. Esta parábola trata de la pérdida de Dios y del banquete en su reino.

La parábola del banquete nupcial lleva a su punto crítico y final el gran ajuste de cuentas con Israel que Jesús realiza en estas tres parábolas 21,28-22,14. Respecto a la que veíamos el domingo pasado 21,33-44, esta parábola amplía la perspectiva temporal, más allá de Jesús, a la historia de la misión pospascual y la lleva hasta el juicio final. Además, dicta ya ahora 22,7 el juicio sobre Israel[4], cosa que en la parábola anterior quedaba solo insinuado 21,41.43. Sin embargo, es sobre todo en su final donde aparece la mayor ampliación de sentido, en el episodio del invitado sin traje de fiesta. Ahí está el centro de gravedad de la parábola.

Probablemente, en labios de Jesús, la parábola de los invitados a la boda expresaba el rechazo de su mensaje por parte de los líderes del pueblo, y la acogida que le dispensaron los marginados. Pero luego, los primeros cristianos vieron también en ella la explicación de una nueva circunstancia que estaban viviendo ellos y no alcanzaban a comprender bien: la predicación de la buena noticia era mejor acogida entre los paganos que entre los judíos. ¿Significaba esto que Dios había abandonado a su pueblo? No. Es más bien el pueblo elegido el que no ha querido escuchar las repetidas invitaciones de Dios. Entonces los criados, los mensajeros de la buena noticia, tuvieron que salir a los caminos del mundo y llamar a otros, que ahora llenan la sala del banquete.

 

Resumen y sentido actual

Pero cuando Mateo escribe su evangelio esta iglesia, compuesta de judíos y paganos, lleva algunos años de andadura. Comienza a aparecer una situación nueva, propia de cristianos viejos, que creen tener asegurada su salvación. El junio sobre Israel, que había rechazado y perseguido a los mensajeros de Jesús, no puede ser motivo de autocomplacencia para la comunidad que ahora ocupa su puesto. Con la acogida a la invitación nada está aún decidido, el bautismo y el ingreso en la comunidad no deciden la vida de modo definitivo. No es suficiente con haber aceptado la invitación. También ahí, dentro de la boda, existen buenos y malos. Sus miembros no poseen la salvación, pueden perderla. Hay que acreditarla siempre con obras. Como ocurría antaño con Israel, la invitación no es una cédula de garantía. Y la suerte de Israel debiera ser una admonición para la comunidad actual. Son muchos los invitados, pero pocos los escogidos. En los capítulos 23 y 24 irán de nuevo unidos el juicio a Israel y la advertencia permanente a la comunidad. Esos capítulos ahondarán más en el pensamiento básico de esta parábola.

Es una advertencia: siempre hay que cuidar cuando la Iglesia se identifica con el reino de Dios. Una iglesia que se ve a sí misma como esposa perfecta de Cristo y considera sus ofertas terrenas (anuncio, sacramentos, ritos, etc.) como el mayor banquete de bodas en el reino de los cielos, no puede ya tomarse en serio como un cuerpo para todos. No solo ella, sus miembros tienen que contar siempre con la posibilidad de no corresponder a la voluntad del Padre.

 

¿Festín para todos o condenación para algunos?

[EXCURSUS: Una respuesta de Orígenes

Unos interlocutores gnósticos preguntaron a Orígenes sobre este evangelio terrible: ¿Qué Dios es ese que condena finalmente a las tinieblas del infierno a aquéllos que él mismo había invitado? ¿Es realmente ese Dios irascible el Padre de Jesucristo?

Orígenes le dijo que las parábolas de Jesús nos muestran a Dios de un modo adaptado a la capacidad de comprensión humana, y no tal como él es 1Jn 3,2. Tal como es, lo veremos solo al final de los tiempos, en la restauración de todas las cosas.]

¿La imagen de Dios en esta parábola es una imagen cruel, deficiente y, en el fondo, nada cristiana? Detrás de esta pregunta está la cuestión básica de la teología mateana: ¿la idea del juicio es capaz de anular la fuerza de la promesa de salvación?

Algunos intérpretes históricos, como Orígenes, aplicaron este texto en un sentido individual, a las bodas del Logos con el alma. Pero nunca fue la única, sino que estuvo ésa junto a otras. Estilizó el texto hacia la espiritualidad del individuo, pero no lo aisló de sus dimensiones histórico-salvíficas, eclesiológicas y escatológicas. Le añadió un nuevo sentido al texto, sin absolutizarlo en él. En cambio, el acento protestante, pasa del traje nupcial a la fe, también lo amplía a la luz de otros testigos neotestamentarios, como Pablo: la llamada incondicional al festín.

Son dos acentuaciones diferentes. El peligro que acecha a la teología mateana es que, al final, lo importante en el juicio sea únicamente la demostración del rendimiento propio. El peligro latente en la tradición protestante es el de reducir las obras a algo que no afecta ya a la identidad de la persona.

 

Por finalizar

El texto pone de manifiesto la sombrosa libertad con que los transmisores pospascuales manejaron las parábolas de Jesús según los lugares y preocupaciones del momento. Inocularon en ellas sus propias experiencias. Modificaron y ampliaron las parábolas, no solo en detalles, sino en su pensamiento central. Eso debería abrirles los ojos a las Iglesias que tienen como lema solo la Escritura. A la Escritura le es esencial su condición viviente. La Biblia incluye el cambio de la tradición, su renovación vital. Una fidelidad a la Biblia que no se abra a esa dinámica de cambio, no es fiel a la Biblia.

Ahora bien, ¿dónde están los límites más allá de los cuales el cambio se torna infidelidad?

 

El evangelio en la cultura actual – Michael Paul Gallager

 En un sentido, cultura es como el aire que respiramos, del que asimilamos estilos de vida sin ser conscientes de ello y en el que se da forma a nuestras disposiciones y a nuestros horizontes.

Es este silencioso nivel de cultura -que abarca nuestros presupuestos explícitos y ocultos- el que forma nuestra imagen colectiva de la realidad. Desde un punto de vista religioso, la omnipresencia del mundo de imágenes y de valores circundante produce un inmenso impacto -aunque a menudo inconsciente- en la capacidad de las personas para tomar decisiones vitales, incluida, obviamente, la relativa a la fe de Dios.

Solo mediante una estructura cultural rica y segura se concede a las personas la posibilidad de ser conscientes de las oportunidades de que dispone.

La cultura puede degenerar en una fuerza de no libertad que bloquee y mine las posibilidades de la fe, aun en el caso de que no sea abiertamente opuesta a ella. Esta falta de libertad se muestra en lo que a menudo se define como identidad frágil de las actuales generaciones de jóvenes. Tal vez sin culpa alguna por su parte, puedes ser engullidas por una sociedad pluralista sumamente confusa, donde resulta difícil encontrar algún elemento de seguridad, incluida la seguridad de una tradición religiosa.

Desde el punto de vista negativo, es posible formular la hipótesis de que la posmodernidad de la calle hiere a la gente entre dimensiones de su humanidad que resultan vitales para una identidad religiosa: una imaginación herida, una memoria herida y un sentido igualmente herido de pertenencia.

Incluso la religión puede reducirse a mera verificación del yo y, por lo tanto, a la lógica del supermercado. La religión contemporánea se ha reducido entonces a una empresa narcisista, terapéutica. La posmodernidad nos invita a una nueva y sanadora apertura religiosa, que el coraje de un compromiso profético puede converger con el sentido místico del silencio de Dios. La confluencia en ella de un sentido de fragilidad humilde, de una necesidad de conexión y de una revalorización del ser comunitario.

El poeta T.S. Eliot: La crisis religiosa no consiste simplemente en la incapacidad de creer en algunas cosas con respecto a Dios, que eran creíbles para nuestros antepasados, sino más bien en la incapacidad de experimentar sus mismas emociones con respecto a Dios y con respecto al hombre.

Si la cultura es la estructura de nuestro modo de sentir, que predispone las imágenes gracias a las cuales vivimos, entonces una cultura dominante de tipo secularizado puede marginar silenciosamente aquellos caminos de apertura hacia Dios sin los que la fe es algo únicamente potencial o no merecedor de confianza. En la medida en que la Iglesia permanece dentro de un lenguaje sacral autorreferencial, está ignorando que su propia incredibilidad cultural y espiritual puede hallarse a un nivel pre-religioso. La ineficacia del actual sistema religioso se debe a su incapacidad para entrar en contacto con la percepción pre-religiosa de Dios.

Cuando las raíces religiosas se desvanecen tan rápidamente, se produce un efecto de perturbación humanamente comprensible, tanto en los jóvenes como en los adultos. Implica no solo una crisis cuantificable de pertenencia o de creencia, sino una crisis de nuestros horizontes último de sentido.

Si la fe, como afirma S. Pablo, procede de la escucha, entonces tal vez vivimos ya la situación de una sordera culturalmente inducida. Esto significa que las personas no están en contacto con su interioridad y con su hambre de algo diferente y que pueden vivir una especie de apatía cotidiana, en el sentido literal de estar desconectadas de su sufrimiento. El resultado es una falta de libertad con respecto a la fe y a la elección de pertenencia, más que el rechazo de una doctrina o de una revelación; dicho más sencillamente, es una forma de ajenidad al lenguaje de la Iglesia. La primera y más evidente consecuencia es que las formas tradicionales de transmisión de la fe han dejado de funcionar.

[1] Banquetes y fiestas colectivas indicaban participación en los planes de Dios que viene a sostener la vida, a darla en abundancia. En el Éxodo da comida Dios al pueblo descontento Ex 10; o significaba la celebración divina con su pueblo Ex12. Para celebrar la vuelta del destierro y el establecer la alianza eterna invita a participar de un banquete de comida exquisita Is 55,1-3. Incluso la Sabiduría, una manifestación de la presencia divina, es presentada como un banquete Prov 9,1-2. Etc. Lo mismo aparece en las comidas de Jesús, abiertas a todos. Por eso mismo, un banquete alerta, al mismo tiempo, sobre divisiones sociales y religiosas. Los dirigentes religiosos han criticado a Jesús por las personas con las que come 9,10-13; 11,18-19; por procurarse alimento en sábado 12,1-8; porque no se observan las normas rituales a la hora de comer 15,1-20…

[2] El comprador o los mercaderes no entrarán en la casa de mi Padre, se lee en el Evangelio de Tomás. Lo que viene a decir: las personas mundanas no escuchan la llamada a la gnosis.

[3] Recordemos que en Qumrán el acceso a los puestos de la congregación estaba prohibido a toda persona tarada en su carne, paralítica de pies o manos, coja, ciega, muda o afectada en su carne por una tara visible a los ojos.

[4] El versículo 7, y en parte, como consecuencia de ello, toda la parábola, aluden a la destrucción de Jerusalén en el año 70. La segunda negativa a la invitación es probablemente una referencia al rechazo de la predicación cristiana pospascual, mientras que la primera respondería al rechazo de Jesús por sus contemporáneos. Se da una adaptación mateana de la parábola de Jesús a una nueva situación: el rechazo y la persecución de los discípulos de Jesús por la sinagoga judía. Quizá esta segunda negativa a la invitación parece al evangelista todavía más grave que rechazar a Jesús.