LEER EL EVANGELIO HOY – Lc 1,1-4; 4,14-21

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LEER ESA PALABRA EVANGÉLICA

Introducción: La Iglesia, ¿museo u hospital de campaña?, ¿aduana o casa de todos?

 

Karl Barth necesitaba para su trabajo el concurso de dos elementos: la Biblia y el periódico, “lo máximamente fijado y canonizado y lo máximamente efímero y mutable”.

 

Desde el comienzo de su ministerio el Papa Francisco advirtió de los efectos contraproducentes que comportaba distanciarse de la realidad para convertir a la iglesia en un “museo de antigüedades” y en una realidad auto-referencial que no se deja afectar por los gemidos de la gente y del mundo. Llamó a salir a su encuentro y hacer que el Evangelio asuma el cuerpo real de la historia. Ha practicado su idea de Iglesia como hospital de campaña.

 

Lo hizo el año pasado al publicar su encíclica LAUDATO SI. Esta apuesta por el método experiencial y contextual, que impregna la encíclica, está llamada a fecundar la fe y la teología, la vida cristiana y la institución eclesial que busca convertir a la tierra en casa común.

 

La revolución ecológica sitúa al cristianismo ante nuevos retos y oportunidades que necesitan ser incorporadas a la vida cristiana, a la teología y a la espiritualidad. Si el cristianismo pierde el tono de su época y se refugia en fundamentalismos, seguridades e identidades atemporales perderá la fecundidad evangélica ya que no hay destino más duro que sentir que uno no pertenece a su tiempo. La encíclica es el intento más serio por parte del magisterio de conectar el cristianismo a las entrañas de nuestro tiempo y recuperar de este modo su condición de Buenas Noticias.

 

 

El prólogo de Lucas

 

Ya hablamos un día de la originalidad de Lucas al presentar su evangelio. Mientras el de Marcos, el primero, entraba de inmediato en acción,  el de Mateo se abría con una genealogía de Jesús, muy al estilo del AT, poniéndolo en relación a la antigua literatura, y el de Juan con una especie de himno, Lucas, desde su entrada manifiesta su intención de seguir las pautas literarias de su mundo grecorromano contemporáneo.

 

Dijimos que es muy probable que los que atribuimos a Lucas, Evangelio y Hechos, fuera uno solo. Hagamos la prueba de leer el inicio de ambos.

 

EVANGELIO 1,1-2. Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones trasmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelo por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

 

HECHOS 1,1-2. En mi primer libro, excelentísimo Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús había hecho y enseñado desde el principio y hasta el día en que subió al cielo. Antes de irse, les dio instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había escogido, sobre lo que debían hacer.

 

Comparemos esa composición con una contemporánea suya, Flavio Josefo, Contra Apionem, que también consta de dos volúmenes y ambos se abren con un prólogo:

 

VOLUMEN 1º. Excelentísimo Epafrodito: En mi historia de las Antigüedades Judías creo que he dejado suficientemente claro, para todo el que quiera leer la obra, la antigüedad de nuestra raza, la incontaminada pureza de su sangre y cómo llegó a instalarse en esta tierra donde habitamos en la actualidad. Nuestra historia abarca un período de cinco mil años; y yo la escribí en griego, a base de datos de nuestra literatura sagrada.

VOLUMEN 2º. Estimado Epafrodito: En el primer volumen de esta obra he intentado probar la antigüedad de nuestra raza, justificando mis afirmaciones con numerosas citas

 

Pero si sigue los módulos estilísticos helenísticos, tiene argumentos y detalles propios de mucho interés. Escribe como miembro de la tercera generación cristiana y por eso subraya su distancia de los acontecimientos y la dependencia de testigos oculares y predicadores de la palabra. Pero él tampoco se ha limitado a trascribir. Ha realizado su trabajo a base de una investigación personal sobre la actividad de Jesús y su continuación con unas pretensiones que emulan el orgullo personal de cualquier historiador. Lucas reivindica tres cualidades para su indagación: integridad (todo), exactitud (cuidadosamente) y exhaustividad (desde el principio). Otra cosa diferente es la valoración histórica que nosotros podamos darle hoy.

 

Sin embargo, Lucas no es un historiador al uso que cuenta hechos de manera neutral. Es un creyente, un seguidor de Jesús y así lo manifiesta: he resuelto escribírtelo por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. Al remontarse a los orígenes de la enseñanza, pone de manifiesto la solidez de la catequesis de la primitiva comunidad.

 

Insistamos, no obstante, en que Lucas subraya que su objetivo no es una mera repetición de lo que dijeron sus antecesores. Quiere escribir un nuevo relato de la actividad de Jesús y de su continuación, con una mentalidad nueva. Por eso es el evangelista que añade originales relatos de la infancia, tal vez por eso de narrar todo y en su orden, es decir organizados sistemáticamente encuadrados en períodos sucesivos y guiamos por una dialéctica entre promesa/cumplimiento.

 

Un último detalle, ¿quién es ese Teófilo? Era un nombre bastante común en esa época; desde luego no está identificado y existen toda clase de teorías sobre él. Probablemente podría ser un catecúmeno, Lucas le escribe, aunque se trata de un escrito público, para proporcionarle una sólida garantía de la educación rudimentaria que había recibido. Una traducción adecuada de la última frase podría ser: para que llegues a comprender que las materias en que has sido instruido tienen toda clase de garantías.

 

 

 

 

Lc 1,1-4; 4,14-21

 

Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones trasmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelo por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

 

Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

 

 

Aclaración sobre la palabra sinagoga

 

Una palabra sobre el lugar donde Lucas narra los primeros detalles de la actividad pública de Jesús: la sinagoga. Una palabra que se presta a confusiones.

 

Hemos de recordar que en tiempo de Jesús solo existía un templo, el de Jerusalén. Era el lugar de la morada de Dios como signo de la elección de Israel como su pueblo. En contraste, sinagoga era el término griego que significa reunión conjunta o asamblea. En su origen no se refería a un edificio sino a la misma asamblea. La primera significación de iglesia también venía a ser lo mismo. Solo mucho después se utilizaron los términos sinagoga e iglesia como indicadores de las dos tradiciones distintas al comenzar la división entre ambas. Posteriormente, tanto en el judaísmo como en el cristianismo, los términos adquirieron el significado de lugar o edificio donde se reunían habitualmente las respectivas congregaciones de fieles.

 

Mientras el templo de Jerusalén estuvo en pie, permaneció como el único centro del culto judío. La sinagoga llegó a asumir su relevancia solamente cuando aquél fue destruido, en el año 70 dC y, sobre todo, posteriormente, en conexión con el movimiento rabínico del siglo II. Ahora bien, para los judíos de la diáspora, que vivían lejos de Jerusalén, la sinagoga ya había comenzado a jugar un papel importante en la vida comunitaria conjuntamente con la devoción al templo, al que procuraban visitar al menos una vez en la vida y colaborar en su mantenimiento. Entretanto, lejos de Jerusalén, su vida de piedad se desarrollaba en la asamblea local, es decir, en el sinagoga.

 

No existía una forma arquitectónica estándar para la sinagoga. La mayoría de los edificios sinagogales de la diáspora eran locales que se habían construido para otros objetivos; en su mayoría viviendas, compradas y reformadas para uso de la comunidad judía. Solo después del siglo III comenzaron a adquirir una forma o estilo adaptado a las funciones litúrgicas. Solían organizarse como una combinación de agrupación religiosa y benéfica, asociaciones para dar un digno entierro o asociaciones profesionales, extendidas en las ciudades grecorromanas. Muchas veces no tenían estructura organizativa propia, dependían de un patrón o mecenas que donaba el lugar y elegía el presidente. Luego, a una con la exclusividad del edificio, tuvieron también una organización propia.

 

[Tomaremos algunos textos del libro de Amoz Oz y su hija Fania Oz: LOS JUDÍOS Y LAS PALABRAS]

 

 

Algunos detalles del texto

 

Por ejemplo: entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados. Antes había dicho: Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Entre los evangelistas, Lucas da un relieve especial a la costumbre judía de Jesús de acudir a la sinagoga. Esta presentación coincide con la descripción que hace el historiador Flavio Josefo del pueblo observante: dedica el día séptimo de cada semana al estudio de la ley y de nuestras costumbres o tradiciones. Más tarde, Lucas, en el libro de los Hechos, presentará también a los apóstoles y a toda la comunidad cristiana primitiva residente en Jerusalén como asiduos a la participación en el culto del templo: todos los días se reunían en el templo… (Hch 2,46); Un día, Pedro y Juan fueron al templo a las tres de la tarde, que era la hora de la oración (Hch 3,1); …todos ser reunían en el pórtico de Salomón… todos los días enseñaban y anunciaban las buenas noticias de Jesús el Mesías, tanto en el templo como por las casas (Hch 512.42); etc. En la concepción de Lucas, esto muestra la vinculación que el propio Jesús y la naciente comunidad cristiana tenían, al principio, con Israel; de hecho, esta relación de la Iglesia con Israel se presenta como una continuidad con la práctica que había hecho el propio Jesús.

 

Por lo que sabemos, en la Palestina del siglo I dC el servicio litúrgico del sábado consistía en el canto de un salmo, las recitaciones de unas oraciones rituales, y la lectura de un pasaje de la ley y otro de los profetas. Seguía un comentario sobre la lectura escriturística y el servicio terminaba con la bendición impartida por el presidente de la asamblea y la invocación sacerdotal de Nm 6,24-26, es decir la bendición hecha a Moisés: Que el Señor te bendiga y te proteja; que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad; que el Señor te mire con amor y te conceda la paz. Es posible que este relato de Lucas suponga que Jesús fue invitado por el presidente de la sinagoga a leer y comentar un texto de la Escritura. Eso mismo les sucedió a Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia (Hch 13,15): En el día del reposo, entraron en la sinagoga y se sentaron. Después de leer en los libros de la ley y de los profetas, los jefes de la sinagoga los invitaron: hermanos, si tienen algo que decir para dar ánimo a la gente, díganlo ahora.

 

La narración de Lucas no menciona expresamente la lectura de la Torá, pero hay que presuponerlo. Hay documentos que indican que la Torá solía leerse todos los sábados en ese tiempo. El interés del evangelista se centra más bien en el cumplimiento del oráculo del tercer Isaías y en el uso cristológico del AT. Ahora bien, Lucas cita a Isaías en dos pasajes distintos que corresponden a capítulos diferentes. Cambiando un poco el texto original, suprime una parte del versículo 61,1 (a aliviar a los afligidos) y, sobre todo, no termina el versículo 62: el día en que nuestro Dios nos vengará de nuestros enemigos. Es decir, suprime el aspecto negativo del anuncio del profeta y en vez del desquite de Dios, ese día es ahora la presencia y acción de Jesús, una ayuda para la vida de todos, comenzando por los más necesitados. De éstos desvalidos aparecen citados expresamente cuatro grupos: los pobres, los prisioneros (seguramente de sus deudas, que serían liberados por el año del jubileo), los ciegos, los oprimidos (esclavos, siervos). Aquí, ese año aceptable del Señor, se usa para proclamar y presentar el tiempo de Jesús y la nueva forma de salvación que ofrece.

 

Otro detalle final. Ningún evangelio nos dice qué lengua hablaba Jesús. Aparte de la élite intelectual de los escribas, eran muy pocos los que en aquel tiempo sabían hablar, leer o escribir en hebreo bíblico. No hay ninguna prueba de que Jesús tuviera esta formación. Los especialistas sugieren que la lengua materna de Jesús era el arameo. Era la lengua común de la mayoría de los judíos que vivían en Jerusalén y Galilea. El evangelio de Marcos indica que Jesús utilizaba frases arameas de vez en cuando, sobre todo en la realización de sus milagros. Según los últimos descubrimientos que se han hecho en el lugar de la antigua Séforis, una ciudad que Jesús probablemente visitó antes de su ministerio público, se ha sugerido que podría haber tenido algún conocimiento del griego, puesto que esa lengua era común allí.

 

 

Una primera escena (de la que oímos la mitad) como un resumen de su vida

 

Según la narración de Lucas, el primer caso que cuenta con detalle de la enseñanza de Jesús en Galilea se desarrolla en su pueblo de Nazaret. El evangelista hace en dos versículos (4,14-15) un rápido sumario de su primera actividad, y narra este episodio, que ocurrió donde se había criado. Si se compara esta narración con la de Marcos, que Lucas conocía, comprobaremos cómo éste elige otra forma de contar y de situar las primeras acciones de Jesús. Marcos había contado antes la elección de sus discípulos, que ahora aparecerán en el capítulo siguiente y, en cambio, adelanta esta escena, que allí aparecía después (Mc 6,1-6). Por tanto Lucas tiene interés en comenzar, con este episodio, la narración en detalle de su actividad.

 

El pasaje aparece cortado en este domingo; solo leemos la primera parte de la escena. Hasta ahí, daría la impresión de que sus conciudadanos, que le esperaban con expectación por lo que ya se decía sobre él, le escucharon con agrado. Incluso la siguiente frase del pasaje dice: Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de las cosas tan bellas que decía (22). Sin embargo, como sabemos bien, a continuación comienza la segunda parte de la escena donde la hostilidad hacia él va ganando terreno, incluso hasta intentar matarlo (29).

 

Lucas coloca esta escena, donde seguramente se han acumulado materiales narrativos de procedencias diversas, con la intención de presentar una especia de programa: la enseñanza de Jesús significa el cumplimiento de las Escrituras. Pese a todos, este personaje encontrará reacciones opuestas: una acogida calurosa en algunos, pero, con mayor frecuencia, un absoluto rechazo en otros. El redactor resume así, en una escena, lo que va a provocar la vida y enseñanza de Jesús: acogida y rechazo, iluminación o ceguera. En este sentido, el repudio de sus compatriotas no hace sino presagiar y adelantar el que va a suscitar en la generalidad de su nación, en el conjunto de Israel.

 

Presentar a Jesús citando un texto de Isaías subraya su convicción de que él actúa por acción del Espíritu. Lo que anunció el profeta a sus contemporáneos, se pregona ahora a los pobres, a los cautivos, a los ciegos, a los oprimidos del tiempo de Jesús. Lo que se reveló proféticamente a los desterrados que volvían a Jerusalén, Lucas lo transforma en una predicción que se hará realidad en la persona, la palabra y la acción de Jesús de Nazaret. Aquello que se había anhelado desde antiguo se va a hacer realidad ahora. Pero su propio pueblo no lo comprende y lo rechaza.

 

 

Lectura del texto de Pablo (1Cor 12, 14-20. 27-30) y la Iglesia anglicana hoy

 

Tomemos una noticia del periódico (14.1.2016):

La Iglesia de Inglaterra, cuya cabeza formal es la Reina Isabel II, ha hecho públicos datos de la atención semanal a sus servicios que indican que por vez primera han caído del millón de feligreses. Según las cifras de octubre de 2014, las últimas publicadas, contando los oficios de toda la semana suma 980.00 asistentes, un 12% menos que en 2004. El número de adultos que van a misa en las iglesias anglicanas británicas ha descendido un 7% en diez años.

El líder religioso de la Iglesia de Inglaterra reconoce que «el panorama es tenebroso». En 1983 había en el Reino Unido 16,5 millones de anglicanos, hoy son solo 8,6.

“Nuestras cifras nos señalan una misión urgente. La Iglesia de Inglaterra se encuentra a solo una generación de su extinción”, advirtió la pasada primavera Lord Carey, que fue arzobispo de Canterbury entre 1991 y 2002. No exagera. En solo dos años han perdido 1,7 millones de fieles, mientras el número de musulmanes crecía en 900.000 en el mismo período. Los anglicanos han pasado de ser el 21% de los británicos afiliados a una religión en 2012 a suponer el 17% en los últimos datos, con 8,6 millones. Un 48% de los anglicanos que jamás visitan sus templos. En el Reino Unido hay actualmente casi cinco millones de musulmanes sobre una población de 64,1 millones de habitantes.

 

Atendamos ahora a la comparación que hace Pablo entre la comunidad cristiana y el cuerpo humano. Dentro del cuerpo hay diferencias, jerarquía, pero también unidad. Todos los miembros son necesarios, cada uno sirve para algo, añade algo valioso a la vida, y deben ir al unísono.

 

Pablo dice esto cuando hay considerables tensiones en la comunidad. Algunos se sienten perjudicados porque en la convivencia mutua desempeñan funciones insignificantes. Actúan como simples comparsas y están pensando en abandonar la comunidad, les parece que no forman parte de ella. Otros, por el contrario, tienen una perspectiva y una apariencia confortables. Son los superdotados. Y, muchas veces, en el trato mutuo la apariencia es todo; así de simple.

 

Esta imagen se parece mucho a la que narra el historiador romano Tito Livio. Una día la plebe abandonó Roma, aduciendo que se sentían explotados y veían que con sus elevados impuestos no hacían más que engordar aún más a los ya orondos aristócratas. El emperador Agripa al dirigirse a ellos también alude al cuerpo humano. Dice: el estómago es alimentado por todos los demás miembros. Pero lo cierto es que el estómago, a su vez, proporciona a los miembros restantes vida y energía. Sin él los otros no podrían vivir. Termina diciendo el historiador que Agripa convenció a los ciudadanos y regresaron a Roma.

 

Resulta evidente que esa fábula romana es un embeleco. Persigue mantener a la población explotada, conservar indemne a una sociedad basada en la explotación.

 

También Pablo pretende conservar la vida. La diferencia con Tito Livio es que ese propósito está guiado por la teología de la cruz: no hay que mantener las cosas como antes sino poner delante a los más pequeños. Pablo no va a enseñarles el camino de la jerarquía sino el del amor. Él, por ejemplo es un apóstol, pero lo es después de ser un aborto, como un payaso en una feria. Ha dicho en 4,9: me parece que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como si fuéramos condenados a muerte. Hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres. Nosotros, por causa de Cristo, pasamos por tontos… etc. También arroja luz sobre la imagen del cuerpo desde el principio de la com-pasión: Si una parte del cuerpo sufre, todas las demás sufren también; y si una parte recibe atención especial, todas las demás comparte su alegría 12,26.

 

Recordemos que en estas cartas a los Corintios, no se dice, como harán después las cartas a Efesios y Colosenses, que Jesús es la cabeza y todos los demás cristianos sus miembros. La cabeza decide y determina. Todos los miembros están sometidos a la cabeza. Aquí no es lo mismo, se habla de cabeza y cuerpo. Lo que se destaca es la comunión de todos los miembros entre sí y no la función dirigente de la cabeza.

 

Este texto nos habla de un tema de permanente importancia en varios aspectos evidentes: quien no sea capaz de resolver el problema de la unidad y la pluralidad en el nivel intracomunitario menos aún podrá conseguirlo en los restantes. El cristianismo tiene un problema de unidad en todos estos niveles porque, a diferencia del judaísmo, la unidad no se tiene ya desde la cuna, sino que debe ser conseguida siempre de nuevo y conquistada con esfuerzo. El judaísmo transmite la pertenencia casi exclusivamente a través de la descendencia familia. En el cristianismo no fue así ya desde los inicios. No tiene forma de una institución terrena, sino que es una comunidad de fe con un fundamente sacramental y una orientación a Dios: elemento personal es una enorme oportunidad y al mismo tiempo un peligro en el caso de personas desleales o agresivas.

 

Pablo intenta, casi a la desesperada, inculcar a la comunidad que la vinculación de cada uno con Dios solamente es posible a través de la comunión de la Iglesia.  No se trata de convencer, de conseguir adeptos. Es porque solo Dios fundamenta la unidad de los cristianos; así llegamos a Pentecostés. Dios como Espíritu consigue la unidad de diferentes carismas. Todos son igualmente templo del Espíritu, aunque algunos, en la práctica diaria, se sentían acomplejados o postergados. Pero Dios se manifiesta en su esplendor cuando todos están presentes. Todos proceden de Dios y todos tienen una meta unitaria, un cuerpo armonioso que vie en equidad sin que ninguno de sus miembros se sienta ajeno.

 

Ahora bien, meditando en esa imagen paulina y en la noticia anglicana (que podría ser de igual manera cualquiera de nuestra Iglesia), se nos acumulan las preguntas: ¿la imagen del cuerpo dejó de ser cierta?, ¿el cuerpo eclesial ha dejado de ser significativo o suficiente para el Espíritu de nuestros días?, ¿quizá el cuerpo no es solo la Iglesia, ni siquiera las iglesias, sino otras formas de espiritualidad?, etc., etc…