LEER EL EVANGELIO HOY –

 17/12/2017  –  Comentarios con Jn 1,6-8. 19-28

 

Éric-Emmanuel Schmitt – Conversaciones espirituales

Cuando estaba escribiendo El evangelio según Pilato, trataba en realidad de dar forma a mi fe cristiana. Pienso que, en efecto, debemos vivir un cristianismo activo. El cristianismo pasivo, el que se contenta con recitar, repetir el catecismo, no conduce, a mi entender, a nada. Si la religión cristiana, desde el principio, eligió para comunicarse los cuatro evangelios, es decir, desde cuatro puntos de vista diferentes, es porque nos hallamos ante una religión que interpreta. La repetición mata el sentido… Tenemos, pienso, que inventar, que crear nuestra propia manera de vivir, de dar cuerpo a la fe cristiana.

Descubro qué contradictorios se muestran los evangelios; veo en ellos razones para dudar, pero igualmente encuentro en esa contradicción un elemento de verdad. Si todos los evangelistas dijeran exactamente lo mismo, eso significaría que se han copiado recíprocamente, que el mensaje es unívoco y en consecuencia cerrado.

 

Juan frente a los sinópticos

El evangelio según Juan comparte con los sinópticos textos y algunos relatos comunes, pero hay entre ellos diferencias sustanciales.

El resumen de Marcos (paralelo a Mateo y Lucas) puede resumirse: la actividad pública de Jesús dura un año; se desarrolla esencialmente en Galilea y termina con un único viaje a Jerusalén; Jesús reside una semana en la Ciudad Santa antes de ser arrestado, juzgado y ejecutado; la narración termina con el descubrimiento de la tumba vacía.

El plan de Juan se atiene a otra geografía y cronología. La actividad pública de Jesús abarca tres años, con tres fiestas sucesivas de Pascua 2,13; 6,4; 11,55. El centro de su ministerio no está en Galilea, sino en Jerusalén, ciudad que visita varias veces. Relata menos hechos de la vida de Jesús y los cuenta en un orden distinto (el incidente del Templo abre la actividad pública de Jesús y no, como en los sinópticos, la Pasión). Además, tiene un buen número de relatos sin equivalencia en los sinópticos. Tanto el ciclo de la Pasión como el Pascual están completamente reescritos.

 

Evangelio de San Juan

Cambiamos de texto evangélico y. si bien seguimos con el mismo personaje de la semana pasada, ahora todo parece distinto. Juan Bautista está situado en otro panorama humano, en diferente significado. No vamos a detenernos en la explicación de este evangelio, pero sí daremos alguna explicación que nos permita situar nuestro pasaje.

Se lo tribuye, aunque no hay certeza, a Juan. Fue escrito al final del siglo I y es el resultado de décadas de experiencias cristianas, influidas por la religión judía y la cultura griega. Parece dirigirse al mundo religioso/cultural de Asia Menor.

Recuerda los dichos y hechos de Jesús “a la luz de la resurrección”; y señala que descubrieron el sentido de lo sucedido “cuando resucitó de entre los muertos (2,22), o “cuando Jesús fue glorificado” (12,16). Es el Espíritu, enviado por el Padre, quien les va recordando todo lo que Jesús había dicho (14,26). Él nos puede “guiar hasta la verdad completa” que se encierra en Jesús (16,13-15).

Los acontecimientos seleccionados por el narrador son poco numerosos, pero cada vez se iluminan desde ángulos distintos. Este evangelio es un texto de gran densidad teológica. No entrega sus secretos al lector apresurado, sino que exige una lectura atenta y constantemente reanudada. A quien se tome el tiempo para aproximarse a este monumento de la literatura cristiana primitiva, se le ofrece una interpretación de Jesús de Nazaret de una profundidad, una sabiduría y una originalidad extraordinarias.

 

El libro de las señales

Este texto es una elaboración teológica de unas comunidades a base de la experiencia de Jesús que ha marcado sus vidas. Es un intento de resumir todas esas vivencias y tratar de entender a esa persona, no solo en lo que quiso ser para ella misma, sino lo que pretendió ser para los demás y para su tiempo. Porque entienden que Jesús quería precisamente impulsar esa búsqueda de sentido en todas las personas, de manera que cada una hiciera su propio camino de salvación.

Al primer bloque evangélico cap 1-12 se le suele llamar el Libro de los signos, o las señales. Son siete prodigios o señales de un alcance progresivo. En general el texto evangélico está muy elaborado, lleno de alusiones, muchas veces veladas, al pensamiento ambiental de entonces y, sobre todo a sus trasfondos judíos. Pero un judaísmo posterior al 70, fariseo, agresivo contra los cristianos. Aunque Juan intentará situar su “verdad” en la tradición judía, aquéllos no la aceptarán, pues tienen otra “verdad”. Este evangelio tiene un componente histórico muy profundo. El calificativo de “evangelio espiritual” hay que manejarlo con cuidado, no debe perjudicar su historicidad o lo dejaremos sin piso para entenderlo.

Este libro de las señales muestra cómo Jesús proclama una vida humana con éxito, es decir, con sentido, con plenitud. Jesús ha vivido una vida plena, a pesar de las constricciones históricas y humanas. Ha desvelado ese dinamismo divino, de fondo, que anida en la historia del mundo. Para captarlo hay que ir más allá de la superficialidad, ir al fondo de la vida, donde hay que atajar las fuentes del dolor y de la culpa.

 

Jn 1,6-8. 19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: ¿Tú quién eres? El confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Mesías. Le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy. ¿Eres tú el Profeta? Respondió: No. Y le dijeron. ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? Él contestó: Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? Juan les respondió: Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de las sandalias.

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

 

El prólogo de Juan

Se suele designar así el pasaje 1,1-18. La noción de prólogo era bien conocida en la literatura antigua, servía para introducir a los oyentes acerca del objetivo de la obra y proporcionarles los medios para entender su temática y desarrollo. En este caso, al poner al Logos en relación con el principio absoluto, y luego repasar el movimiento que va de la preexistencia a la encarnación, el prólogo indica al lector que el hombre Jesús, que ocupará el centro del relato, es el desdoblamiento de Dios en el seno del mundo.

Comprende dos grandes secciones. En la primera de ellas 1-13 se describe el origen trascendente del Logos y el alcance universal de su venida al mundo (con dos partes: 1-5 habla del origen del Logos junto a Dios y su papel de revelador en la creación, que es obra suya; la siguiente 6-13, pone en escena el marco histórico de la venida del Logos; en la segunda parte del prólogo 14-18 se formula la respuesta que dan los creyentes a esta venida. En resumen:

  • 1-5 el prólogo dentro del prólogo – el preludio del cielo
  • 6-13 el marco histórico de la actividad de Jesús – el comienzo histórico con el Bautista
  • 14-18 la confesión de quienes creen en su nombre – la encarnación como punto de partida de la fe

Todos expresan una única y misma perspectiva, la de la fe pospascual.

 

El Logos y el Bautista

Después de un primer movimiento, que no se lee el domingo, que hace referencia al principio inmemorial y culmina en la afirmación de la encarnación, el prólogo presenta un segundo movimiento que, apoyándose en el comienzo histórico que se produce con la entrada en escena del Bautista (aunque nunca lo llama así), describe la encarnación y la respuesta que los seres humanos dan al Logos. En ambos casos, mediante la venida del Logos, Dios se vuelve hacia el mundo para hacerle entrega de un don decisivo.

En este momento cambia hasta el estilo literario, renuncia al lenguaje mítico y comienza una prosa que tiene semejanzas en 1Sm 1,1. La encarnación está ligada a un tiempo y unos lugares definidos, entre personajes históricos asimismo conocidos. La entrada en escena de Juan Bautista señala que la encarnación del Logos tiene como marco la historia de Israel.

La primera aparición del Bautista se abre con una presentación detallada de su persona; su nombre es Juan, es enviado por Dios. Su misión consiste en anunciar el sentido de los acontecimientos decisivos que van a producirse; es decir, en presentar la entrada en escena de Jesús como la venida del Logos divino. Eso es a lo que llama testimonio, un término que pertenece al lenguaje jurídico procesal y señala de entrada que la venida del Logos va a suscitar un conflicto de interpretación. Por eso, que Jesús sea la luz no tiene en modo alguno el carácter de una evidencia. La luz solo puede ser reconocida por la fe. Aunque ésta no es privilegio de una élite, todos son llamados a la fe. La luz es gracia.

Al poner en relación a Dios/Logos significa que no hay ninguna manifestación de Dios en el mundo fuera del Logos, fuera del lenguaje, y que este Logos decisivo puede ser descubierto en una obra literaria. Igual que no hay acceso directo a Dios -si no es por el Logos encarnado-, así tampoco hay acceso directo a Jesús si no es por el Evangelio. En ese texto la Palabra de Dios se hace lenguaje. También dice el prólogo que la historia del hombre de Nazaret solo tiene sentido si se vuelve a poner en la perspectiva del principio, antes del principio, y de la encarnación. Y, por fin, también asegura que Dios no se revela de forma última sino en la historia del hombre Jesús. Hay un exclusivismo cristológico. Jesús adquiere su significación fundamental por su relación única con Dios; pero, a la inversa, Dios no tiene otro rostro para el mundo y para los hombres que el del Logos. El hecho de que el Logos sea descrito como vida y luz, gracia y verdad, hace pensar que en la encarnación se ofrece la vida en plenitud.

 

En la introducción del evangelio: testimonio de Juan

Los versículos siguientes son la introducción narrativa del evangelio 19-51. Lo que nosotros leemos hoy es tan solo el testimonio de Juan, polémico y negativo, ante las autoridades judías. De todas formas, la cuestión que atraviesa toda la secuencia es la de la identidad de Jesús. Partiendo de las formulaciones cristianas primitivas tradicionales, encamina al lector hacia una concepción cristológica propiamente joánica.

El pasaje es un testimonio: Juan, oído por una autoridad oficial, debe rendir cuentas de su actividad. En la entrada del relato ya hemos sabido que en la aparición de Jesús, anunciada por Juan, comienza el gran proceso entre Dios y el mundo. Es una ironía que, desde el punto de vista de la revelación, los investigadores/acusadores son, en realidad, los acusados.

Aunque esta presentación de Juan tiene evidentes paralelismos sinópticos (recordemos el domingo pasado), pero el narrador lo reescribe: la identificación de Juan con Elías se rechaza explícitamente, Juan ya no bautiza a Jesús, y no es una voz del cielo, sino el Bautista mismo quien revela la filiación divina de Jesús.

 

Algunos detalles del texto

Quienes le interrogan son los judíos de Jerusalén. Por tanto, no queda designado el pueblo judío, sino sus autoridades oficiales, los que representan al templo y su culto. Interviene el poder de Jerusalén representado por los especialistas en pureza levítica.

El testimonio es presentado como una declaración oficial en el marco de un proceso. Los verbos reconocer y negar pertenecen al vocabulario de la confesión pública de la fe ante las autoridades, de modo que Juan aparece aquí como el primer cristiano. Juan rechaza sin ambigüedad establecer un vínculo entre las esperanzas mesiánicas judías y su persona. También niega su identificación con Elías, o al Profeta, en alusión a Moisés, a quienes se suponía portavoces de la venida última de dios para el juicio. El Bautista niega categóricamente ser el portador de la salvación escatológica.

La cita de Isaías, a diferencia de los sinópticos, que la utilizan como prueba escriturística, está puesta en labios de Juan y expone el contenido de la predicación: El Bautista se comprende como la voz que grita en el desierto; por eso es un testigo, un heraldo que no remite a sí mismo, sino a otros; y, como sucedió antaño, en el desierto Dios volverá a encontrarse con su pueblo. Así pues, con la predicación de Juan lo que comienza es el tiempo mesiánico. En el antiguo Oriente allanar el camino del Señor aludía a la necesaria preparación de una procesión religiosa o para la recepción de un potentado. Juan designa así a Jesús, no a Dios.

En una continuación del interrogatorio aparecen ya los fariseos, pues hemos de recordar que son ellos los que dirigen las sinagogas desde el año 70 y, por tanto, se atribuyen ante la comunidad de Juan el papel tradicional de los judíos[1]. A su pregunta sobre el alcance de ese bautismo de Juan, éste no responde, como en los sinópticos, con la diferencia entre el bautismo de agua con el de Espíritu Santo y fuego, sino remitiendo a la presencia de una persona misteriosa. Recordemos que en el judaísmo de la época circulaba una especulación según la cual el Mesías viviría de incógnito en medio de su pueblo antes de revelarse. Sin embargo, el lector del evangelio comprende que se trata de Jesús.

El pasaje de este domingo termina con una indicación topográfica que quiere ratificar la evidencia del suceso: el testimonio de Juan es un hecho incontestable, que se ha desarrollado en un lugar identificable y conocido[2]. Al decir más allá del Jordán se refiere a que en la memoria colectiva ese lugar está asociado a la frontera que Israel ha tenido siempre que franquear para entrar en la Tierra prometida[3].

 

Conclusión

La primera escena del relato de la vida de Jesús joánico es una reescritura de la persona del Bautista. Ya no aparece el profeta apocalíptico que llama a la conversión y al arrepentimiento, sino el testigo de Cristo. Su concepto de revelación es un gran proceso que se abre entre Dios y el mundo. En ese enfrentamiento, Juan Bautista desempeña el papel de un testigo valiente que se borra por completo ante aquél de quien da testimonio.

 

[1] Se ha debatido mucho sobre el tema de los judíos en el evangelio de Juan, sobre todo desde que el holocausto enseñó que el NT podía alimentar el antijudaísmo, o incluso el antisemitismo. No vamos a entrar aquí en el tema. Decir que hay discusión, incluso, sobre el alcance de ese los judíos. Para unos son la figura de la incredulidad; para otros el término no describe al pueblo, sino a sus autoridades, o solo a los habitantes de Judea. Hay otras interpretaciones, por ejemplo, que a través de ellos se perfila la sinagoga, en el momento en que fue escrito el cuarto evangelio.

[2] De todas formas, esta Betania no hay que confundirla con la aldea de Lázaro, cerca de Jerusalén.

[3] El Jordán marcaba la frontera que los hebreos habían franqueado para entrar en la Tierra prometida. Según una tradición constante, las aguas del Jordán se corresponden con el Mar de los Juncos, a través del cual el pueblo había salido de Egipto Jos 4,23, bajo este aspecto, no son tanto aguas purificadoras como aguas que dan la vida a través de la muerte. Por otra parte, se pensaba que la entrada en el reino de Dios se haría según el modelo del primer éxodo. Manteniéndose al otro lado del Jordán, el Bautista puede significar que su bautismo es muerte a la antigua existencia y vida para el reino que viene.