LEER EL EVANGELIO HOY – Jn 2,1-11

LEER ESA PALABRA EVANGÉLICA

Introducción: Distintas imágenes y percepciones de Dios. Un novelista y dos oraciones

 

Entrevista reciente a John Banville

 

  • Es que el monoteísmo fue un desastre para el hombre. Debía de ser tan bonito eso de tener un dios para cada cosa, cachitos de divinidad que saliesen a nuestro encuentro por todas partes. En cambio, la idea de tener a un tío mirándonos, enfadado, diciéndonos: “Eh, queredme, si no, va a ser terrible. Lo veo todo, os mandaré al infierno…”.
  • De niño, la idea del cielo me daba terror. Nos decían: estaréis todos juntos para siempre. Todos: los niños del colegio que me zurraban, un tío mío al que odiaba… Y para siempre.
  • Recuerdo que perder la fe era como romper con la familia. Mi madre me decía: si mueres en pecado, Dios me pedirá explicaciones por ti: ¿cómo has dejado que tu hijo se perdiera…? Imagine. La iglesia ha hecho eso muy bien, hizo que relacionáramos a nuestras madres con la virtud…

 

 

 

La complejidad de Juan

 

Es seguramente el evangelio que más controversia suscita entre los estudiosos. Tiene pasajes contradictorios o formulados en un estilo paradójico que no se ha podido interpretar bien. Pero no vamos a entrar ahora en toda esa complejidad. Solo haré una síntesis de los datos que parecen más seguros.

 

El cuarto evangelio se formó entre un grupo relativamente cerrado de cristianos. Ellos apelan a un testigo ocultar como garante de su tradición. No resulta seguro identificar a este testigo. Pero podría ser alguien del grupo de Jesús que, en el proceso de formación de la tradición, se fue idealizando en la figura del discípulo amado. Pero no se puede afirmar que fuera el inspirador teológico de la tradición, el “evangelista”, ni siquiera si se trata de un solo autor o de varios. Como en los otros evangelios, hay una parte de esta narración que seguramente estaba escrita con anterioridad, como un relato de signos de Jesús o una narración de su pasión.

 

En la versión final, los especialistas descubren varias redacciones previas. En la última se le añadió el capítulo 21, quizá también los 15-17. Sin embargo, hay una gran uniformidad en el lenguaje entre estos capítulos y el resto del evangelio.

 

En este evangelio se aprecia una fuerte confrontación con la nueva estructura del judaísmo surgida a partir de la revuelta del año 70. Pero lo característico de este anuncio joánico tiene que ver con un judaísmo en el que juegan un gran papel las ideas esotéricas y apocalípticas conocidas a través de Qumram, así como influencias del helenismo. Tiene claros parecidos con escritos gnósticos.

 

Muchos trabajos estudian los símbolos de cuarto evangelio, pero pocos se detuvieron en la singularidad de sus metáforas y su poder impactante. Mientras los sinópticos se inspiran para sus comparaciones en la vida ordinaria, narran y cuentan. Para Juan las narraciones son poco más que  un pretexto, un envoltorio. El asunto no es lo que sucede, sino lo que aquello significa bajo la mirada de Juan o de su comunidad.

 

Este suceso, como varios otros de lo que llama el libro de los signos, no está narrado por los sinópticos. La mirada de estos cristianos joánicos se agudiza, se concentra, mira a través de la superficie del hecho y otorga profundidad a signos habituales como el pan, el agua, la vida, el pastor, el camino… Es otro lenguaje al de los evangelios y, obviamente mucho más, al nuestro. De un suceso ordinario extraen metáforas que dan un sentido nuevo a la realidad del mundo aplicadas al Dios que ha venido al mundo por medio de Jesucristo.

 

 

Jn 2,1-11

 

Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: no les queda vino. Jesús le contestó: mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: haced lo que él diga.

 

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: sacad ahora y llevádselo al mayordomo. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.

 

Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

 

 

VARIAS SIGNIFICACIONES DEL TEXTO

 

Parece una narración convencional, aunque sea de un suceso mágico, si no hiciéramos caso a ciertas cuñas dentro de la misma que parecen pertenecer a otro lenguaje, o a diferente nivel de significación: No ha llegado mi hora. Comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

 

Ya dijimos que lo que hace este evangelio nunca es mera narración, sino interpretación teológica. Una mirada que atraviesa la realidad y la reduce a lo que cree esencial, al significado profundo de las acciones. La despoja y la convierte en símbolo. Por tanto tiene muchas lecturas, desde algunas más livianas, a otras substanciales. Veamos alguna de ellas.

 

 

No vinagre, sino vino abundante

 

Ha habido, sigue existiendo, un prejuicio respecto al cristianismo: le fe impide la alegría de vivir, es ceniza en los mejores manjares. Vinagre más que vino.

 

También es cierto que muchos proclamadores de esa fe la expandían así: con caras y doctrina bastante avinagradas. Si falta amor en la vida cristiana, suele escasear todavía más el humor. Todo aquello que suene a placer resultaba más que sospechoso. Nada más hablar de cualquier tipo de erotismo, a algunos se les tuerce el gesto. En algunos grandes críticos de la religión, por ejemplo Niezsche, se notan claramente la raíz puritana de donde procede. Lo hemos visto todavía en la cita del novelista que encabezaba esta charla.

 

Sin embargo, nos cuenta el evangelio que a Jesús, los judíos bien pensantes lo llaman comilón y borracho y que él no parece querer defenderse mucho de esa reprobación. En este evangelio aparece en una escena que se repetirá bastantes veces, con comensales y significaciones diferentes, con gente mal vista y con allegados, pero que será para él tan vital que la convertirá en el símbolo principal de sus seguidores: la mesa compartida.

 

Echemos una mirada un poco detenida a ese banquete que nos han narrado. No pensemos en estas bodas de hoy entre nosotros, a tanto alzadísimo el cubierto, con un despilfarro increíble de alimentos y barra libre para todos. Pensemos en lo que significaba el vino para aquella gente.

 

Según un proverbio rabínico: la higuera es una campesina, el olivo un beduino, pero la vid es una dama. Así que todavía hay clases. A Israel lo compararán mucho más que con un olivar o un cultivo de higueras, con una viña bien plantada, cultivada y guardada. Un cultivo muy querido que necesita cuidados durante todo el año. Y luego el vino requerirá el más esmerado cultivo, producción, almacenamiento… Eso sin entrar en los matices o niñerías de los exquisitos bebedores de nuestros días.

 

Mientras el pan era un alimento básico, el vino era mucho más especial y preciado. La Biblia está llena de alusiones al vino, desde su producción en la vid, a su extracción o consumo. Sin duda era muy apreciado. Los libros judíos lo piropean incesantemente. El vino alegra la vida, dice el Salmo 103,15. El vino es para gozar de la vida, mas para eso hace falta dinero, advierte Ecl 10,19. Aunque, naturalmente, también reconoce que emborracha y que quien bebe demasiado olvida sus doscientos cuarenta y ocho miembros, sin embargo, según la parábola del samaritano, el vino mezclado con aceite sirve incluso para lavar y curar las heridas.

 

Así que en ese tiempo el vino era muy apreciado. Lo reflejan varias de las leyendas rabínicas sobre el origen de la vid. Un ángel fue el encargado de expulsar a Adán y Eva del paraíso. Como les vio llorar tanto, él mismo se compadeció, apoyado en su báculo, mientras salían del jardín. Las lágrimas del ángel resbalaron sobre su cayado hasta el suelo, así que el palo echó de inmediato raíces, flores y frutos. Éstos resultaron dulces como las lágrimas de los ángeles. Esa fue la primera vid.

 

Para una cultura que, como sabemos, tenía al vino en tan buen concepto, tan necesario para alegrar el corazón y sentir la abundancia de la vida, el poder de ofrecer un vino abundante, tiene una clara significación simbólica. El vino nuevo es el símbolo de la nueva vida que trae Jesús. En esa boda a la que acude Jesús hay un claro clamor por la vida, la alegría y el disfrute. Los que han calculado el tamaño de las tinajas de entonces y el número que solía tener una de esas bodas pueblerinas, dice que, tas la bendición de Jesús, a cada quien le tocaban muchos litros del mejor vino. Nada de caras largas, ¡había fiesta para muchos días! Con semejante copiosidad de bebida Jesús expresa que la abundancia y la bendición ilimitadas serán el rasgo distintivo del Mesías.

 

 

Comenzar en una boda y con el vino

 

Este evangelio está y va a narrar una historia trágica y gloriosa, ¡Dios hecho humano, vuelto palabra e intérprete de la vida de una manera nueva y definitiva! Esta escritura tendrá palabras dramáticas y profundas, chispazos de revelación como una luz fulgurante. El libro de los signos definitivos que nos mostrarán la mayor profundidad de la vida y el camino nada menos que hacia Dios.

 

Y, con todo, comienza en un lugar tan poco solemne y sagrado como un convite. Una boda a la que Jesús añade el mejor y más abundante vino. A ojos de muchos entonces, también hoy, parecería un despropósito, o al menos un exageración, decir que allí comenzó sus signos y manifestó su gloria. ¡En una boda de pueblo, de gente tan poco pudiente que se les arruinaba la fiesta! Pero las señales de la nueva vida que trae Jesús, y ésta es la primera que recuerda Juan, nacerán toda así: en cualquier momento ordinario de la vida de aquellas gentes. La revelación no se hace en lo abstracto, sino dando salidas a una realidad humana muchas veces asediada por la limitación, la enfermedad o la muerte.

 

Aquí se presenta la fiesta del amor, la felicidad de una mesa compartida y bien bebida, como signo revelador nada menos que de la nueva mirada de Dios con nosotros. De lo divino expresado en la humanidad más rampante. Para mostrar la gloria de Dios no hacía falta ahora la magnificencia un rey, una gran batalla, un templo fastuoso, un culto exquisito… bastaba con una boda campesina. Dios no se presentaba únicamente en el sancta sanctorum, en torno a los sacrificios sangrientos, en lugares y entre servidores exclusivos. Bastaba una boda… si se sabía ver la significación de aquello.

 

 

El cuidado de la viña, el vino compartido al final

 

Luego, ya entrado en su vida pública, Jesús, como sabemos hablará muchas veces de viñas y vinos. Contará parábolas espléndidas sobre trabajadores que esperan ir a trabajar a la viña (Mt 20,1-10) o sobre viñadores malvados (Mc 12,1-10). Todos los que le escuchan saben muy bien que la viña es un símbolo de Israel; los frutos de la vid, las uvas, simbolizan la bendición de Dios sobre el trabajo de los hombres. El vino mismo es la condensación de la alegría mesiánica. Jesús mismo beberá vino con aquellos a quienes visita, como un signo de que comienzan mejores tiempos para el cuerpo y el corazón.

 

El vino alcanza una importancia fundamental en la última cena de Jesús. No olvidemos que él formula un brindis especial al levantar el cáliz lleno de vino. Un autor glosa así el sentido de sus palabras: si bebéis ahora de este vino, os uniréis todos con Dios, así como entre vosotros, para formar el pueblo de la nueva alianza. Si beber juntos vino es de ordinario un gesto de unión, aquí se trata de una comunión especialmente fuerte, de una alianza instaurada por Dios.

 

En la consumación de esa alianza, en la cruz, aparecerá otro significado del vino: su equivalencia con la sangre. Por su color se le llamaba sangre de la uva. En la cena última de Jesús, el vino tinto representa la sangre y enseguida la hace eficaz. Participan de la alianza sellada con esta tinta indeleble. Pero al fin se hace con vino, con la incorporación, incluso en ese momento de la alegría y no la muerte o el duelo.

 

 

Signos y gloria

 

Sin detenernos en el estudio pormenorizado de la palabra gloria, sí hemos de reconocer de inmediato en ella uno de los conceptos característicos de este evangelio. En el prólogo hemos leído, refiriéndose al nacimiento de Jesús: contemplamos su gloria (1,14), Una expresión que se repetirá varias veces, por ejemplo al final de este evangelio de hoy, o en 11,40, en la resurrección de Lázaro: ¿No te dije que, si crees, contemplarás la gloria de Dios?

 

Para la tradición judía, gloria significa la poderosa y santa presencia de Dios en su pueblo o en el templo. Esa antigua presencia se refleja ahora en la actuación de Jesús. Él hace presente la fidelidad y fiabilidad de Dios, tal como le habían sido prometidas a Israel. Es la diafanía de Dios, cuya presencia se había vuelto opaca. Si los desvíos y el pecado del pueblo habían oscurecido o impedido el acceso a la verdad, a Dios, ahora Jesús va a ser, él mismo, el camino, la verdad y la vida.

 

Porque este signo, el de ofrecer el mejor y más abundante vino, lo que quiere es revelar una realidad más profunda, una vida mejor que proviene de la comunidad con Dios. Esa realidad de la vida divina ha entrado en el mundo a través de Jesús y puede comunicarse a todo aquél que se abre a ella. Las necesidades de cada día están revelando la verdadera hambre y sed de vida, la parálisis y ceguera interiores, la ceguera espiritual que amenaza a una vida superficial. Jesús será presentado como alguno de los alimentos vitales: vino, pan, agua, es salud y vida, que él puede contagiar a través de su unión con Dios.

 

 

Resonancias bíblicas y críticas actualizadas en tiempo de Jesús

 

Como suele ocurrir en estas narraciones, las palabras que nos parecen más ordinarias e inofensivas tenían entonces un eco que no solemos percibir ahora. Por citar algún ejemplo. Hay una serie de expresiones que reflejan el problema de esa boda: nadie se ha dado cuenta o al menos se mueve para solucionar el problema. Hay tinajas de piedra (quizá como una alusión a las primeras tablas de la ley, también de piedra), para las purificaciones de la ley. Es decir, para un rito que se repetía de manera mecánica y sin mayor espíritu. Tan estáticas e inútiles como el propio estatismo de la Ley judía, solemne y pesada como esas grandes tinajas, pero vacías, ineficaces, sin respuestas a las necesidades reales de la gente. Jesús les pidió sacar agua del pozo, que era para los judíos un símbolo de la ley de Moisés. Y él iba a darle un color y sabor nuevo, de agua a vino.

 

Es decir, Juan está describiendo la Ley desde su óptica: algo que había llegado a ser pesado y vacío, sin capacidad de alegrar y sostener la vida. Frente a eso está el vino abundante y de la mejor calidad que ofrece Jesús. Por tanto, se ofreciendo una alternativa vital: o se vive bajo la ley, o se escoge el camino de Jesús. O se opta por las costumbres pesadas, por las aquellas prescripciones religiosas estériles, o se participa en un convite nuevo. Estas dos sendas alternativas están colocadas ya desde el inicio mismo de este evangelio.

 

Los sirvientes, que es una casa como aquellas tenían una función muy humilde y con frecuencia explotada, son los primero que se enteran de dónde ha salido el nuevo vino. Comprenden el signo y su alcance. Así comienza el proceso de adhesión a Jesús; en los que son capaces de observar eso crecerá la fe. Ese es el auténtico milagro, cambiar una adhesión estéril ante las normas por una fe viva, que se renueva por los signos que puede observar progresivamente.

 

La última frase puede tener también un significado oculto a primera vista. Ese extraño grupo que sale de la boda: Jesús+madre+discípulos+hermanos, no durará mucho. Esa disparidad de lazos se irá clarificando y pronto se impondrán, a cualquier otra relación familiar, los intereses del reino, la forma de vivir nueva de la comunidad de sus seguidores. Su madre y sus hermanos serán los que vivan a su estilo. De hecho, en la siguiente escena del templo solo aparecerán ya los discípulos.

 

 

Un excursus para casados y solteros de edad

 

Esto no es una interpretación joánica, sino mía, o podría ser de ustedes.

 

¿No les parece que el texto se presta muy bien para una celebración de bodas… de oro? Con la esposa/o, o simplemente con la vida. Estar con Jesús, aprender de él constantemente, dejar que intervenga en nuestra vida, en toda ella, ¿no haría que tuviéramos el mejor vino, los mejores momentos, la mayor sabiduría, al final? ¿Podemos envejecer tan bien como algunos vinos? ¿Nos convertimos en eso que llaman grandes reservas, o en vinagre?

 

 

 

 

 

 

 

Terminamos con las oraciones

 

ESTÁS EN MANOS DE DIOS, TEILHARD DE CHARDIN

Piensa que estás en manos de Dios,
tanto más fuertemente agarrado
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz, te lo suplico.
Vive en paz.

Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica.

Ni tus fallos morales.
Haz que brote y conserva siempre en tu rostro
una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor continuamente te dirige.

Y en el fondo del alma coloca,

antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:

cuanto te reprima o inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso,

cuando te sientas apesadumbrado y triste
adora y confía…

 

Hno. Roger, Taizé

Espíritu Santo, danos
volvernos hacia ti en cada momento.
Aunque a menudo olvidemos que tú nos habitas,
que tú oras en nosotros, que tú amas en nosotros.
Tu presencia en nosotros es confianza
y continuo perdón.