LEER EL EVANGELIO HOY – Jn 19, 11-18

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LEER ESA PALABRA EVANGÉLICA

Introducción/ambientación

Sobre el evangelio de Juan

Cuando se lee el cuarto evangelio se tiene la impresión de estar ante una obra que poco o nada tiene que ver con los tres sinópticos. Jesús aparece haciendo largos discursos y monólogos, uno de los rasgos más característicos de este evangelio. Sin embargo, si se dejan a un lado estos discursos, el relato, tanto en sus materiales (milagros, dichos, relato de la pasión, gestos simbólicos) como en su estructura, es muy similar a los evangelios sinópticos. Esto hacen pensar que, por una parte, estos discursos son desarrollos posteriores realizados para profundizar el sentido teológico de lo narrado; por otra, lleva a pensar cómo sería la forma literaria básica, antes de la elaboración de los discursos.

La base sería un evangelio básico, similar al de Marcos, que suele datarse en torno al año 80, con otras tradiciones propias que demuestran conocimientos locales y una mirada particular al relato de la pasión.

Este evangelio Jesús confiesa a Jesús como el Mesías esperado que deja obsoletas las instituciones judías (templo, fiestas, fundadores…), las reinterpreta, supera y toma sus funciones. En la búsqueda del sentido inagotable, pleno, de la Biblia, y su actualización para las circunstancias presentes, Él les da su último significado. Enraizados en el judaísmo, los grupos joánicos al hacer, desde Jesús, una relectura del sistema religioso tradicional, propuesta como verdad, tuvieron un elemento de identidad, pero también fuente de conflictos que parece haber fortalecido su identidad grupal.

 

Juan 10, 11-18

Jesús volvió a decirles:

  • Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir el lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas las direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga y no las ovejas.

Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida sino que yo la soy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre.            

 

El tema del pastor en el AT

Este tema tiene un fuerte sabor veterotestamentario. Un tema bien conocido.

  • Dios mismo se había presentado como pastor: Sal 23,1; 80,2; Is 40,11; Jer 31,10
  • Por lo general son los jefes del pueblo quienes tienen derecho a ese título, en particular Moisés (Is 63,11) y David (Miq 5,3).

El término, por tanto, aunque tomado de la vida ordinaria ganadera, tiene connotaciones que miran muy alto. Se refiere a quien gobierna la vida humana, sea individual o social. El que da significado a la vida, o la conduce, o defiende. Sería, el algún sentido, equivalente a rey.

Dios es el pastor de la vida y del pueblo. Y, en su nombre, ese encargo queda luego en mano de los líderes máximos. En la interpretación joánica, Jesús va a encarnar la figura definitiva de ese pastor que orienta y defiende la vida del pueblo.

 

El momento evangélico

En la reflexión teológica que la comunidad joánica hace de esta figura, hay que tener en cuenta el momento histórico. Jerusalén, con todo su significado, ya no existe. Ha quedado arrasada. Está en peligro la misma sobrevivencia del pueblo judío. Esa catástrofe señala la conducción religiosa, social y política de sus pastores. Sin duda este discurso contiene una fuerte carga de profundidad revisando el pasado; es una reflexión a posteriori llevada a la vida de Jesús.

Probablemente contiene también indicaciones sobre el liderazgo dentro de la comunidad cristiana. Ha habido en ella pastores indignos, falsos y aprovechados. Hay que volver siempre los ojos hacia el estilo conductor de Jesús.

 

Extraño modelo de pastor

Esta es la obra del pastor auténtico:

  • Formar la nueva comunidad sacando al pueblo de las estructuras históricas de opresión en las que se halla sumido.
  • Para ello “entrará por la puerta”, es decir, no se saltará la legalidad, ni el respeto a la persona, será hombre de profunda humanidad.
  • No abandonará al pueblo, sino que caminará al frente, para que su mensaje guíe e ilumine.
  • La voz de los extraños no saca al pueblo de la opresión, ni forma la comunidad, ni busca el interés colectivo, sino el propio.
  • Ahora bien, el pueblo “no sabe de qué les habla”, porque no son capaces de sobreponerse a su condición de opresión.

Un poco antes ha dicho que es “puerta”, porque él guarda y contabiliza a quienes aceptan su propuesta. Antes y ahora puede haber quienes roban, matan y hacen estragos. Muchas amargas experiencias en la formación de los primeros grupos cristianos encuentran eco en estas expresiones. Es clara la amargura que destilan algunas páginas de este evangelio y de su decepción ante el hecho legal judío como capaz de engendrar la fe. Pero, quizá aquí se refiere, no solo de cara a los judíos, sino incluso internamente, pues la ambición comunitaria no ha sido ajena a los primeros cristianos.

Jesús ofrece un extraño modelo de pastor: ni se lucra, ni vive de sus ovejas. Es más, vive para ellas y hasta da la vida por ellas. El rebaño no es un grupo explotado, sino promocionado. En realidad, Jesús no es pastor de nadie, sino compañero que promociona, acompaña, sostiene y humaniza. Incluso la antigua metáfora del AT de “pastor bueno” queda hecha añicos, antes este pastor que entrega la vida por cada una, para que salga a flote, pues él mismo ha puesto en eso su propio éxito.

Hay entonces una propuesta de máxima novedad, si se tiene en cuenta el ambiente duro y antiecuménico en que la comunidad joánica se ha desgajado del tronco del judaísmo: un solo rebaño, un solo pastor. Jesús no sería un obstáculo, sino más bien el promotor de esa fe común. La segunda propuesta es del todo joánica: Jesús es señor de vida y su entrega es la expresión de su señorío sobre la vida misma. Por eso entrega la vida por decisión propia. Así cumple el mandamiento que su Padre le ha dado: hacer una obra mesiánica de total humanidad, que no puede cumplirse sino a través de la entrega.

Jesús es el pastor diferente, decisivo. Con su entrega pone en obra la liberación que ha soñado la humanidad desde siempre y en la que muchas personas se hallan empeñadas. Él cumple así el mandato de su Padre y emplaza a sus seguidores a hacer lo mismo. Quien más humaniza es quien más entrega. Eso desenmascara y aleja de la sociedad a todos los falsarios y ladrones.

 

Excursus sobre pastores

La simbología del pastoreo, aplicada a asuntos religiosos o sociales, es peligrosa. No importa si se cambia de nombre al pastor y se le llama: líder, timonel, compañero supremo, servidor del pueblo, o cualquier otra derivación. Con frecuencia ocultará el culto a la personalidad del jefe y su sacralización bajo diversas formas; la abdicación de los derechos y deberes por parte de sus seguidores, los abusos sucesivos de autoridad o de economía…

Jesús recalca que la autenticidad se basa solo en el despojo de poder y la entrega sin condiciones. Es una regla infalible para juzgar a los que se pretenden guías o pastores.

Jesús conoce a cada uno de los suyos por el nombre, porque él no quiere grupos gregarios, sino comunidad cristiana, reunión de personas. Es más cristiana (también más difícil), la pluriformidad que la uniformidad.

En el modelo que presenta Jesús, el fin no es el éxito, sino la solidaridad. Para él siempre tiene sentido el ofrecerse sin reservas. La entrega tiene sentido en sí misma, independientemente de la acogida o frialdad con que sea recibida. La verdad no la otorga el aplauso, ni el rechazo que provoquen, sino la generosidad del corazón que trata de ser humano (como el suyo) hasta las últimas consecuencias. La entrega nunca se pierde. Es el único tesoro, más allí del éxito, que hace posible la humanización progresiva, la liberación del mal.

De la misma manera Jesús señala una vieja aspiración de la humanidad: la de construir una casa común, la de entenderse. Un solo rebaño, bajo un solo pastor. Pero el rebaño es una convivencia de personas y culturas diferentes. El pastor es Dios, que significa esa llamada interna a la generosidad en las relaciones, al servicio como distintivo humano.

 

Interrogantes sobre las creencias que nos arrastran sin advertirlo

Propongo una serie de citas de autores contemporáneos que describen el funcionamiento de los influjos sociales. Las diferencias entre creencias pasivas y reflexión o fe. Pueden servirnos para examinar a quién seguimos, qué nos influye más a la hora de nuestras opiniones o decisiones. Cómo se han ido construyendo/destruyendo nuestras convicciones.

Juan Pablo II, en Fides y ratio: En la vida de un hombre las verdades simplemente creídas son mucho más numerosas que las adquiridas mediante la constatación personal… El hombre, ser que busca la verdad, es también aquél que vive de creencias.

Ocurre que respiramos, además de aire, creencias. Sin parar y sin darnos cuenta, tragamos creencias que funcionan después como ingredientes de nuestros sentimientos. Son canon para nuestras aspiraciones y criterio para nuestros fracasos y alegrías. La manera de relacionarnos está siempre determinada por esos dogmas asimilados por ósmosis social.

La religión se trasmite y acepta dentro del sistema de creencias sociales de una cultura. Al entrar en el mismo paquete ideológico que otras creencias se produce una naturalización de la experiencia religiosa que acaba convirtiéndose en costumbre. Adquieren así su consistencia, pero también su fragilidad. Con frecuencia, los adultos no creen en lo que aprendieron de niños, pero tampoco pueden dejar de creer, porque parte de su afectividad está fuertemente ligada a  aquellas creencias. Puede uno no ser cristiano y encomendarse a la Virgen de su cofradía.

Las creencias se viven, no se piensan. Contamos con ellas muchas veces sin darnos cuentas de que las tenemos. Forman el conjunto de lo que no hace falta analizar ni justificar, siempre que sean lugares comunes compartidos con la sociedad. Acaban suplantando a la realidad. Lo real se convierte en lo que creemos acerca de lo real. Esta situación hace aparecer falsas evidencias.

Los unos y los otros –idealistas y realistas- se mueven con sus creencias, siempre en compañía de sus creencias. ¿Se mueven por ellas? He aquí lo que convendría averiguar.

Jean-Claude Guillebaud

Hace quince años, libros de éxito como La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo de Gilles Lipovetsky celebraban en Francia el fin de las ideologías y de los sistemas de creencias de las grandes religiones. Por fin éramos capaces de entregarnos a la frivolidad. Sin embargo la creencia, expulsada por la puerta, regresó por la ventana, bajo forma de credulidad, de supersticiones. A través de los medios de comunicación, la ola de lo paranormal regresó con más fuerza, al igual que en el siglo XIX. Muchos se postraron ante nuevos ídolos, como los mercados financieros, la ciencia o la tecnología. Pese a estas derivas, hoy parece que cada ser humano, cada sociedad, necesita aunque sea mínima, una fe para acceder a su propia humanidad.

Marie Balmary, El monje y la psicoanalista

Ya sabéis lo fácil que es no encontrarse con el tema de la religión cuando se vive en la capital de una democracia laica. Nos encontramos con grandes extensiones de no-creencias, como la mayor parte de los periódicos. No hacen más que reflejar el estado de una población que ha pasado en tres generaciones de la creencia a la no-creencia, y, después, a la incultura. Creo que ya no es ni ateísmo (para ello habría que conocer al menos un poco lo que se rechaza).

Temo que se convierta en una de esas personas que están simultáneamente en varias culturas, en varias creencias, y que son extranjeros en todas partes. Que, al final, ya no siguen ninguna costumbre, so pretexto de que se interesan por todas. O bien que siguen varias de ellas dentro de una gran confusión.

 

Preguntas sobre nuestra fe

Vivimos entre grandes afanes y la misma ignorancia existencial. Andamos a tientas. Nuestro aprendizaje en la vida es lento, tortuoso muchas veces, conflictivo. Como nos decía el evangelio de este último domingo, ¿qué hemos ido aprendiendo por el camino, en qué punto de nuestra fe estamos ahora?

Muchas veces las dudas de fe son dificultades con las creencias. Las dificultades con las creencias no son importantes para quien tiene fe, es decir una experiencia personal de Dios, un trato amoroso con él. Dijo Newman que, entonces, mil dificultades no hacen una duda.

Tenemos que ser capaces de reconocer la vida de Dios en todas las situaciones y en todas las personas, de identificarla para una generación escéptica que busca signos por todas partes, y de situarla en el contexto de la revelación definitiva de la vida de Dios que Jesús nos trajo en su propia persona. Para descubrir a Dios en el mundo, en otras creencias, en las ciudades solitarias y en los lóbregos suburbios donde vivimos, primero tendremos que haber encontrado la imagen de Dios en nuestro interior.

Salvador Pániker

Mi fe era un amuleto, un instrumento de control frente al azar salvaje. Ni fe era también un catalizador y una reserva de energía. Y aquello funcionó, me dio maná, infalibilidad, seguridad ontológica. Sospecho que he seguido manteniendo aquella fe, incluso después de haberme dado de baja de toda creencia. Pues lo que menos importa de la fe son las creencias. Lo eficaz es la falta de fisura, la inmanencia, la citada seguridad ontológica.

Timothy Radcliffe

No coincido en absoluto con los que asocian la ortodoxia con un conservadurismo estrecho. Como si la ortodoxia consistiera en proclamar una fe inamovible, como un mamut conservado en hielo. Eso no es ortodoxia, es una forma de herejía. En el corazón de la ortodoxia hay un proceso dinámico que nos empuja hacia el misterio, más allá de nuestras pequeñas creencias, de nuestras pequeñas ideas. En este sentido soy partidario de la ortodoxia y amo la tradición. Pero la tradición de la Iglesia es compleja, plural. Es tan rica que la mayor parte de los progresos de la Iglesia consisten en redescubrir tradiciones que habían sido olvidadas o descuidadas.

Carlo Martini

Un cristiano se caracteriza justamente por el hecho de que entra valientemente en contacto con gente de otras ideas y de otras creencias, con gente que pregunta y que busca. En esa apertura a los extraños –en su tiempo eran los paganos y los soldados romanos- nuestro maestro es Jesús. Él sintió admiración por la fe del centurión pagano y la consideró mayor aún que la fe que había en su propio pueblo. Se admiró de la mujer pagana que esperaba de él… Mantuvo conversaciones con los miembros del Sanedrín… Fue amigo de José de Arimatea y de Nicodemo… No es casual que un crucificado y el centurión romano al pie de la cruz sean testigos de la importancia de Jesús.

John Main, Una palabra hecha silencio

La vía hacia la plenitud de la vida es exactamente este camino del total compromiso de nuestra persona para con el Otro, la completa y armónica concentración de mente, cuerpo y espíritu en el centro de nuestro ser. Las creencias y los valores que introducimos en el silencio de este compromiso tienen, tal como con frecuencia repetía Thomas Merton, una importancia limitada, porque en gran medida son los conocidos componentes del lenguaje y la imaginación. No obstante, en lo profundo del corazón todos sabemos que el enigma de nuestra existencia tiene solución más allá de esos elementos, concentrándonos en el núcleo de nuestro ser, donde algún modo intuimos que se encuentra nuestro origen y nuestro destino.

No hay trucos o recursos que nos proporcionen soluciones rápidas, no hay una mística instantánea, o al menos no hay ninguna que no agobie a una psique indisciplinada y carente de preparación. El mantra calma la mente y convoca a todas nuestras potencias para que se concentren en un único punto, ese punto que conocemos como la condición total que lo exige todo.