Triduo Pascual: oración con los Salmos

VIERNES EN LA MUERTE DEL SEÑOR. 30 de marzo de 2018

OFICIO DE ORACIÓN, LECTURA Y MEDITACIÓN

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INICIO de la oración

 

Canto suave y sostenido: UBI CHARITAS ET AMOR DEUS IBI EST. (Taizé)

Sobre él, por tres veces, alguien proclama:

VENID, ADOREMOS A CRISTO, HIJO DE DIOS, QUE NOS SALVÓ CON SU SANGRE PRECIOSA.

Salmos

 

Ant 1. Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías.

(Los poderes, todos los poderes y siempre, ni comprenden ni aceptan la sencilla elementaridad de una entrega. Pero la mano de Dios cubre y cobija al Crucificado.)

 

Salmo 2

¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?

Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo.»

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!

Gloria al Padre…
Ant.  Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías.

Ant 2. Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

 

(Un clamor, un grito ante el silencio de Dios, y un triunfo entrevisto al final del salmo. Clamor y grito ensordecedor desde todos los límites de la tierra, de todos los crucificados de hoy y de todos los crucificados de la historia. Y el triunfo de Dios, solo entrevisto).

 

Salmo 21, 2-23 [24-32] Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.

Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de Israel.

En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y no los defraudaste.

Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente, desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.»

Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y nadie me socorre.

Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y rugen.

Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;

mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Líbrame a mí de la espada,
y a mi única vida, de la garra del mastín;
sálvame de las fauces del león;
a este pobre, de los cuernos del búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.

Gloria al Padre…

Ant. Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.

Ant 3. Me tienden lazos los que atentan contra mí.

(Rezamos con Cristo Jesús en la conciencia y la experiencia de nuestras propias debilidades, de los peligros que nos amenazan y rodean.)

 

Salmo 37
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;

no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen descanso mis huesos
a causa de mis pecados;

mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis fuerzas;
mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino sombrío;

tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un león.

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.

Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.

En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.

Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan cuando procuro el bien.

No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.

Gloria al Padre …
Ant. Me tienden lazos los que atentan contra mí.

PRIMERA LECTURA  del libro del profeta Jeremías 16, 1-15

En aquellos días, recibí esta palabra del Señor:
«No te cases, no tengas hijos ni hijas en este lugar. Porque así dice el Señor a los hijos e hijas nacidos en este lugar, a las madres que los dieron a luz, a los padres que los engendraron en esta tierra: “Morirán de muerte cruel, no serán llorados ni sepultados, serán como estiércol sobre el campo, acabarán a espada y de hambre, sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.”»
Así dice el Señor:
«No entres en casa donde haya luto, no vayas al duelo, no les des el pésame, porque retiro de este pueblo -oráculo del Señor- mi paz, misericordia y compasión. Morirán en esta tierra grandes y pequeños, no serán sepultados ni llorados, ni por ellos se harán incisiones o se raparán el pelo; no asistirán al banquete fúnebre para darle el pésame por el difunto, ni les darán la copa del consuelo por su padre o su madre. No entres en la casa donde se celebra un banquete para comer y beber con los comensales; porque así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: “Yo haré cesar en este lugar, en vuestros días, ante vosotros, la voz alegre, la voz gozosa, la voz del novio, la voz de la novia.”
Cuando anuncies a este pueblo todas estas palabras, te preguntarán: “¿Por qué ha pronunciado el Señor contra nosotros tan terribles amenazas? ¿Qué delitos o pecados hemos cometido contra el Señor, nuestro Dios?”, y tú les responderás: “Porque vuestros padres me abandonaron -oráculo del Señor-, siguieron a dioses extranjeros, sirviéndolos y adorándolos. A mí me abandonaron y no guardaron mi ley. Pero vosotros sois peores que vuestros padres, cada cual sigue la maldad de su corazón obstinado, sin escucharme a mí. Os arrojaré de esta tierra a un país desconocido de vosotros y de vuestros padres: allí serviréis a dioses extranjeros, día y noche, porque no os haré gracia.”
Pero llegarán días -oráculo del Señor- en que ya no se dirá: “Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto”, sino más bien: “Vive el Señor, que nos sacó del país del norte, de todos los países por donde nos dispersó.” Y los haré volver a su tierra, la que di a sus padres.»

RESPUESTA. Cf. Is 53, 7. 12

Todos: (cantado) CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO…

  1. R.Fue conducido como oveja al matadero, fue maltratado y se humilló, enmudecía y no abría la boca; fue entregado a la muerte, para dar la vida a su pueblo.

Todos: CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO…

  1. Se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores. Para dar la vida a su pueblo.

Todos: CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO…

SEGUNDA LECTURA De las Catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo (Catequesis 3, 13-19: SC 50, 174-177)

¿Deseas conocer el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto. Inmolad -dice Moisés- un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda -responde Moisés-: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»
Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.
¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.
Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: cón el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.
Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.

RESPUESTA.  1Pe 1, 18-19; Ef 2, 18; 1Jn 1, 7

Todos: (cantado) BEBEREMOS LA COPA DE CRISTO… (Halfter)

  1. Os rescataron, no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha. * Por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.

Todos: BEBEREMOS LA COPA DE CRISTO… (Halfter)

  1. La sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.Por medio de él tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.

Todos: BEBEREMOS LA COPA DE CRISTO… (Halfter)
Lamentaciones

 

Ant.: ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino!

        Mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor.

 

I

¿Quién se te iguala, quién se te asemeja,

ciudad de Jerusalén?,

¿a quién te compararé, para consolarte,

Sión, la doncella?

Inmensa como el mar en desgracia:

¿Quién podrá curarte?

Tus profetas te ofrecían visiones

falsas y engañosas;

y no te denunciaban tus culpas

para cambiar tu suerte,

sino que te anunciaban visiones

falsas y seductoras.

 

Los que van por el camino

se frotan las manos al verte,

silban y menean la cabeza

contra la ciudad de Jerusalén:

“¿Es ésta la ciudad más hermosa;

la alegría de toda la tierra?”

se burlaron a carcajadas de ti

todos tus enemigos,

silbaron y rechinaron los dientes

diciendo: “La hemos arrasado;

éste es el día que esperábamos:

lo hemos conseguido y lo estamos viendo.”

 

El Señor ha realizado su designio,

ha cumplido la palabra

que había pronunciado hace tiempo:

ha destruido sin compasión:

ha exaltado el poder del adversario,

ha dado al enemigo el gozo de la victoria.

 

Grita con toda el alma al Señor;

laméntate Sión,

derrama torrentes de lágrimas,

de día y de noche,

no te concedas reposo,

no descanses tus ojos.

 

Levántate y grita de noche,

al relevo de la guardia,

derrama como agua tu corazón

en presencia del Señor,

levanta hacia él las manos,

por la vida de tus niños

desfallecidos de hambre en las encrucijadas.

 

(Pausa)

Ant.: ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino!

        Mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor.

 

II

Yo soy un hombre que ha probado el dolor

bajo la vara de su cólera,

porque me ha llevado y conducido

a las tinieblas y no a la luz;

está volviendo su mano todo el día

contra mí.

 

Me ha consumido la piel y la carne

y me ha roto los huesos;

en torno mío ha levantado un cerco

de veneno y amargura.

 

Me ha confinado en las tinieblas,

como a los muertos de antaño.

Me ha tapiado sin salida,

cargándome de cadenas;

 

por más que grito “Socorro”,

se hace  sordo a mis súplicas;

me ha cerrado el paso con sillares,

y ha retorcido mis sendas.

 

Me está acechando como un oso

o como un león escondido;

me ha cerrado el camino para despezarme

y me ha dejado inerte;

tensa el arco

y me hace blanco de sus flechas.

 

(Pausa)

Ant.: ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino!

        Mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor.

 

III

Me ha clavado en las entrañas las flechas de su aljaba;

la gente se burla de mí,

me saca coplas todo el día;

me ha saciado de hieles,

abrevándome con ajenjo.

 

Mis dientes rechinan mordiendo guijas,

y  me revuelco en el polvo;

me han arrancado la paz,

y ni me acuerdo de la dicha;

me digo: “Se me acabaron las fuerzas

y mi esperanza en el Señor.”

 

Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,

en la hiel que me envenena;

no hago más que pensar en ello,

y estoy abatido.

 

Pero hay algo que traigo a la memoria

y me da esperanza:

que la misericordia del Señor no termina

y no se acaba su compasión:

antes bien, se renuevan cada mañana:

¡qué grande es tu fidelidad!

 

El Señor es mi lote,

me digo, y espero en él.

 

Ant.: ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino!

          Mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor

 

LECTURA: de fragmentos de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según S. Mateo.

Concluida, se escucha como fondo sobre el silencio una de las Lamentaciones del oficio de tinieblas.

 

 

 

 

LAUDES, ALABANZAS AL SEÑOR
(Oración de la mañana)

 

Himno:

(Canto): Victoria, tú reinarás, oh cruz, tú nos salvarás. (Estrofas)

 

Salmos

 

Ant 1. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

 

(Nosotros, pecadores, adoramos tu cruz. Algo tienen que ver las cruces y las culpas de todos. Nuestras maldades necesitan de tu misericordia y tu ayuda. Devuélvenos esa alegría como de jóvenes. Rejuvenece nuestro corazón cansado.)


Salmo 50

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre…
Ant. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Ant 2.Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

 

¿Me impresionan de verdad tu fama y tu obra, oh Dios grande y santo? ¿Me impresiona todavía verte muerto en ese leño? Y esa es tu gran obra: ese deshecho humano que ahí cuelga. Aunque todo falle a mi alrededor, me mejoro y sereno, al verte ahí derrotado y muerto. Eres mi fuerza y me haces volar por las alturas.

 

Cántico: Ha 3, 2-4. 13a. 15-19

¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto acuérdate de la misericordia.

El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder.

Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.

Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo que nos oprime.

Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el establo,
yo exultaré con el Señor,
me gloriaré en Dios mi salvador.

El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas.
Gloria al Padre…
Ant. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

Ant 3. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

 

(La comunidad entera de los creyentes, la Iglesia, mirando tu cruz. Caen cerrojos, quedan abiertas las puertas, abundan el trigo y la lluvia, y tu palabra fecunda cuanto se mueve en la comunidad: de tu costado abierto manan agua y espíritu.)

 

Salmo 147

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Gloria al Padre…

 

Ant. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.

LECTURA BREVE   Is 52, 13-15

Mi siervo va a prosperar, crecerá y llegará alto. Lo mismo que muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos. Los reyes se quedarán sin palabras, al ver algo que no les habían contado y comprender algo que no habían oído.

RESPUESTA
Se escucha “Cristo se rebajó…” de Erdozain.

Ant.4. Fijaron encima de su cabeza un letrero indicando el motivo de su condenación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.»

 

(La causa solemne y oficial de tu muerte, Señor Jesús: el rey de los judíos. ¡Bendito sea Dios, por este rey crucificado, por este crucificado rey! Bendito sea por la libertad absoluta que nos llega. Bendito, por sus entrañas de misericordia. Aquí llegan la salvación y el perdón.)

 

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre…
Ant. Fijaron encima de su cabeza un letrero indicando el motivo de su condenación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.»

PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, cantando:
KYRIE ELEISON

Señor Jesús, nuestro Señor y maestro: por nosotros aceptaste la condición humana, hasta incluir esa muerte humillante en la cruz: enséñanos a vivir nuestra vida en armonía con el plan salvador del Padre Dios.

Señor Jesús, tú eres la vida absoluta de Dios a nuestra disposición. Al pasar por la muerte angustiosa de la cruz has terminado con la muerte y todo lo que la acompaña: que muramos contigo a la muerte del pecado y resucitemos contigo a la vida nueva que sólo tú dispones.

Rey nuestro al que entrevieron los profetas como un irrisorio gusano, como un ser despreciable ante cualquiera: que toda tu comunidad de seguidores no tema el fracaso y la humillación, con tal de proclamar en todo momento la grandeza y santidad de Dios que hace llover sobre buenos y malos.

Salvador de todos, que entregas y regalas tu vida por los humanos, enséñanos a regalar también la nuestra, como tú, para su bien y plenitud y felicidad.

 

Tú, que puesto ahí en lo alto de la cruz haces que dirijamos a ti nuestra mirada, reúne en tu Reino, el que anunciaste y ahora culminas, a todos los hombres y mujeres dispersos por la tierra y por la vida.

Porque la muerte de Cristo nos ha hecho agradables a Dios, nos atrevemos a orar al Padre, diciendo:
Padre nuestro… Tuyo es el Reino…

Todos:   Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

 

 

 

SABADO EN LA SEPULTURA DEL SEÑOR. 31 de marzo de 2018.

OFICIO DE ORACIÓN, LECTURA Y MEDITACIÓN

Inicio de la Oración

 

Canto: MISERICORDIAS DOMINI IN AETERNUM CANTABO (Taizé).

Sobre la melodía se proclama por tres veces:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros murió y fue sepultado.

 

Salmos

 

Ant. (cantada): GUARDA MI ALMA EN LA PAZ, JUNTO A TI, SEÑOR.

 

(Nos recogemos silenciosos junto a la tumba de Jesús; sabemos que no nos abandonarás a la muerte y rezamos tranquilos, dulcemente.)
Salmo 4

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Gloria al Padre…
Ant. GUARDA MI ALMA EN LA PAZ, JUNTO A TI, SEÑOR.

 

(Tú, Señor eres mi bien y ha sido una suerte creer en ti. En ti descansa mi futuro: no me abandonarás a la muerte y me saciarás de plenitud contigo.)

 

Salmo 15

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»

Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre …

Ant.: GUARDA MI ALMA EN LA PAZ, JUNTO A TI, SEÑOR.
Ant 3. Atención hermanos: va a entrar el Rey de la Gloria.
Salmo 23 (De pie)

Uno.-     Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

 

Todos.- ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

 

Uno.-     El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

 

Todos.-  Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

Uno.-     ¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

 

Todos.-  ¿Quién es ese Rey de la gloria?

 

Presi.-    El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

 

Uno.-     ¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

 

Todos.-  ¿Quién es ese Rey de la gloria?
Presi.-    El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

 

Todos.- Gloria al Padre…

Ant.  Atención hermanos: Va a entrar el Rey de la Gloria.

 

 

PRIMERA LECTURA. Del libro del profeta Jeremías 20, 7-18
En aquellos días, exclamó Jeremías:
«Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte y yo fui dominado. Ahora soy todo el día la irrisión y la burla de todo el mundo. Siempre que hablo tengo que proclamar: “¡Violencia! ¡Destrucción!” La palabra del Señor se ha vuelto para mí oprobio y befa todo el día. Yo me dije: “No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre”; pero su palabra era en mis entrañas como fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo intentaba contenerlo, pero no podía.
Oía las burlas de la gente: “Terror por doquier. Delatadlo, vamos a delatarlo.” Mis amigos acechaban mi traspié: “A ver si se descuida, y lo abatiremos y nos vengaremos de él.”
Pero el Señor está conmigo, como fuerte guerrero; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo perpetuo que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomes de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, porque libra la vida del pobre de las manos de los impíos.
Maldito el día en que fui engendrado, el día en que mi madre me parió no sea bendito. Maldito el hombre que anunció a mi padre: “Te ha nacido un varón”, dándole una gran alegría. Ojalá que hubiera sido ese día como las ciudades que el Señor destruyó sin compasión; que escuche gritos de alarma en la mañana y alaridos de guerra al mediodía. ¿Por qué no me mató en el vientre? Habría sido mi madre mi sepulcro, y yo eterna preñez de sus entrañas. ¿Por qué salí del vientre para pasar trabajos y fatigas y acabar mis días derrotado?»

RESPUESTA     Cf. Mt 27, 66. 60. 62

Todos cantan: SI VIVIMOS, VIVIMOS PARA DIOS…

  1. Después de sepultar al Señor, hicieron rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro y lo sellaron. Y pusieron guardias para custodiarlo.

Todos cantan:  SI VIVIMOS, VIVIMOS PARA DIOS…

  1. Los jefes de los sacerdotes se presentaron ante Pilato, y le pidieron que diese orden de vigilar el sepulcro. Y pusieron guardias para custodiarlo.

Todos cantan: SI VIVIMOS, VIVIMOS PARA DIOS…

SEGUNDA LECTURA. De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado
(PG 43, 439. 451. 462-463)

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: “Salid”, y a los que estaban en tinieblas: “Sed iluminados”, Y a los que estaban adormilados: “Levantaos.”
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

 

RESPUESTA

Todos (cantado) EL SEÑOR ES MI PASTOR…

  1. ¡Se fue nuestro Pastor, la fuente de agua viva! A su paso el sol se oscureció. Hoy fue por él capturado el que tenía cautivo al primer hombre. Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y cerrojos de la muerte.

Todos (cantado) EL SEÑOR ES MI PASTOR…

  1. R.Demolió las prisiones del abismo y destrozó el poder del enemigo. Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y cerrojos de la muerte.

Todos (cantado) EL SEÑOR ES MI PASTOR…
Lamentaciones

 

Ant.: En el peligro grité al Señor y me atendió desde el vientre del abismo.

 

I

El Señor es bueno para los que en él esperan

y lo buscan;

es bueno esperar en silencio

la salvación del Señor;

le irá bien al hombre

si carga con el yugo desde joven.

Que se esté solo y callado

cuando la desgracia descarga sobre él;

que pegue la boca al polvo,

quizá quede esperanza;

que entregue la mejilla al que lo hiere

y se sacie de oprobios.

 

Porque el Señor no rechaza para siempre;

aunque aflige,

se compadece con gran misericordia,

porque no goza afligiendo

o apenando a los hombres.

 

 

Aplastar bajo los pies

a todos los prisioneros de la tierra,

negar su derecho al pobre,

en presencia del Altísimo,

defraudar a alguien en su proceso:

eso no lo aprueba el Señor.

 

¿Quién mandó que sucediera

si no fue el Señor?,

¿no es el Señor quien dispone

que suceda el bien y el mal?,

¿por qué se ha de quejar de su desgracia

el hombre mientras vive?

 

(Pausa)

Ant.: En el peligro grité al Señor y me atendió desde el vientre del abismo.

 

II

Examinemos y revisemos nuestra conducta

y volvamos al Señor,

levantemos con las manos

el corazón de Dios del cielo:

nosotros nos hemos rebelado pecando,

y tú nos has perdonado.

Mis ojos se diluyen

sin cesar y sin descanso,

hasta que el Señor desde el cielo

se asome y me vea.

 

Me duelen los ojos de llorar

por las jóvenes de la ciudad.

Los que me odian sin razón

me han dado caza, como a un pájaro;

 

me han echado vivo al pozo

y me han arrojado piedras;

se cierran las aguas sobre mi cabeza,

y pienso: “Estoy perdido.”

 

Invoqué tu nombre, Señor,

de lo hondo de la fosa:

oye mi voz, no cierres el oído

a mis gritos de auxilio;

tú te acercaste cuando te llamé

y me dijiste; “No temas.”

Te encargaste de defender mi causa

y de salvar mi vida,

has visto que padezco injusticia,

juzga mi causa;

has visto la venganza

que traman contra mí.

 

(Pausa)

Ant.: En el peligro grité al Señor y me atendió desde el vientre del abismo.

 

III

Recuerda , Señor, lo que nos ha pasado;

mira y fíjate en nuestras afrentas.

Nuestra heredad ha pasado a los bárbaros;

nuestras casas, a extranjeros.

 

Hemos quedado huérfanos de padre, y nuestras madres han quedado viudas.

Tenemos que comprar el agua que bebemos

y pagar la leña que nos llevamos

 

Nos empujan con un yugo al cuello,

nos fatigan sin darnos descanso.

Hemos pactado con Egipto y Asiria

para saciarnos de pan.

 

Nuestros padres pecaron, y ya no viven,

y nosotros cargamos con sus culpas.

Forzaron a los jóvenes a mover el molino,

y los muchachos sucumbían bajo cargas de leña.

 

Los ancianos ya no se sientan a la puerta,

los jóvenes ya no cantan;

ha cesado el gozo del corazón,

las danzas se han vuelto duelo;

se nos ha caído la corona de la cabeza:

¡Ay de nosotros, que hemos pecado!

Por eso está enfermo nuestro corazón

y se nos nublan los ojos,

porque el monte Sión está desolado

y los zorros se pasean por él.

 

Pero tú, Señor, eres rey por siempre

tu trono dura de edad en edad.

¿Por qué te olvidas siempre de nosotros

y nos tienes abandonados por tanto tiempo?

Señor, tráenos hacia ti para que volvamos,

Renueva los tiempos pasados.

 

Ant.: En el peligro grité al Señor y me atendió desde el vientre del abismo.

 

Lectura del santo Evangelio según S. Marcos 15, 42-47. Silencio.

 

 

 

LAUDES ALABANZAS
(Oración de la mañana)

 

Himno:

VICTORIA, TÚ REINARÁS, OH CRUZ, TÚ NOS SALVARÁS. (Julien) Estrofas.

 

Salmos

Ant 1. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.

 

(Llanto por Jesús, muerto. Llanto por los innumerables inocentes muertos. Siempre parecía que ganaban los malos. Pero estamos aquí, rezando, porque creemos que no será así, y que los justos y buenos quedarán a salvo en Dios.)

 

 

Salmo 63

Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre…

Ant. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.

Ant 2. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.

 

(Rezamos un cántico que Isaías pone en labios del rey Ezequías. Con dos partes bien diferenciadas: la angustia ante la muerte, la serenidad y alegría por la vida recuperada. Es Jesús quien reza con nosotros el cántico. ¡Sálvanos, Señor!)

 

Cántico  Is 38, 10-14, 17-20

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.

Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»

Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estas acabando.

Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.

El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.

Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.

 

Gloria al Padre…

Ant. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.

Ant 3. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.

(Todo cuanto existe alaba ansioso al Señor Dios. Junto a la tumba de Jesús, ejecutado, sabemos que el triunfo será del Dios de la vida, del Dios de Jesús, del Dios de vivos y no de muertos.

 

Salmo 150

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su augusto firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,

alabadlo con arpas y cítaras,

Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alabe al Señor.

Gloria al Padre…
Ant. Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.

LECTURA BREVE   Os 6,1-3a

Esto dice el Señor: «En su aflicción me buscarán, diciendo: “Volvamos al Señor. Él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará, y al tercero nos levantará, y viviremos en su presencia.”»

RESPUESTA BREVE
Se escucha “Cristo se rebajó…” de Erdozain.

Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro. (dos veces)

Cántico de Zacarías. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre…
Ant. Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro. (dos veces)

PRECES

Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado, para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo:

Respuesta cantada: KYRIE ELEISON

Oh Señor, que junto a tu cruz y a tu sepulcro tuviste a tu Madre apenada y dolorosa, haz que el pueblo cristiano entero sepa también unirse a tu pasión.

Señor Jesús, tu eres el grano de trigo caído en tierra para dar fruto abundante, haz que sepamos morir a nosotros mismos y encontrarnos plenamente en Dios.

Oh Pastor de la Iglesia, oculto y silenciado en el sepulcro tras una losa, haz que abandonemos las pretensiones de fama y publicidad, y valoremos el silencio de lo gratuito y marginado

Nuevo Adán, nueva propuesta de humanidad plena, que te sumergiste en los infiernos de la oscuridad y el sinsentido para abrazar a los muertos y olvidados de toda la historia, haz que los hombres y mujeres perdidos entre tumbas y huesos escuchen tu llamada a la vida y la esperanza.

Cristo, Hijo de Dios vivo, según la profesión de fe de nuestro bautismo, haz que cuantos nos sumergimos en esas aguas vivas, recobremos la belleza y presteza de la vida nueva que nos regalaste con el Espíritu de tu costado.

 

Movidos por el espíritu de verdaderos hijos de Dios que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al Padre:

Padre nuestro… Tuyo es el Reino…

Todos:

Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

INVITACION PRIMERA A LA ORACIÓN. LAUDES DE LA PASCUA DEL SEÑOR.

1 de abril de 2018

 

Introducción

 

Ant.   Verdaderamente ha resucitado el Señor, Aleluia.

Salmo 99

Aclamad al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios: qué él nos hizo

y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,

por sus atrios con himnos, dándole gracias

y bendiciendo su nombre:

“El Señor es bueno, su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades”.

 

Himno

GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR.

Salmos

Ant. 1 Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

(En la novedad y la euforia de Cristo resucitado, igual que junto a Cristo muerto, buscamos incansables a Dios. Siempre.)

Salmo 62

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansias de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a las sombras de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre …

Ant.  ALELUIA. Cristo ha resucitado y con su claridad ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.

Ant. 2 ALELUIA. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

(Que la creación entera nos ayude a cantar al Señor. Lo hará con gusto.)

Cántico. Dn. 3,57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieve, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ant.  ALELUIA. Ha resucitado del sepulcro nuestro Redentor; cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluia.

Ant. 3 ALELUIA. Ha resucitado el Señor, tal como os lo había anunciado. Aleluia.

(Esta obra deslumbrante de Dios en el cuerpo resucitado de Cristo exige que en algún momento desaparezcan el mal, la injusticia, la muerte y el pecado.)

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes coa argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre …

Ant.  ALELUIA. Ha resucitado el Señor, tal como os lo había anunciado. Aleluia.

LECTURA BREVE  Hch 10, 40-43

Dios resucitó a Jesús al tercer día e hizo que se apareciese no a todo el pueblo, sino a nosotros, que somos los testigos elegidos de antemano por Dios. Nosotros hemos comido y bebido con él, después que Dios lo resucitó de entre los muertos. Y él nos mandó predicar al
pueblo y atestiguar que ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos. De él hablan todos los profetas y aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus pecados.

RESPUESTA: Éste es el día en que actuó el Señor: sea él nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

Ant. Muy de madrugada, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Aleluya.

Cántico de Zacarías  Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre …

Ant. Muy de madrugada, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Aleluya.

PRECES.

Oremos a Cristo, autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, quien por su poder nos resucitará también a nosotros, y digámosle:

Cantado por todos:  Cristo resucitado, escúchanos.

 

Cristo, luz esplendorosa que brillas en las tinieblas, rey de la vida y Salvador de los que han muerto, concédenos vivir hoy en tu alabanza.

 

Señor Jesús, que anduviste los caminos de la pasión y de la cruz, concédenos que, unidos a ti en el dolor y en la muerte, resucitemos también contigo.

 

Hijo del Padre, maestro y hermano nuestro, Tú que has hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, enséñanos a ofrecer con alegría nuestro sacrificio de alabanza.

 

Rey de la gloria, esperamos anhelantes el día de tu manifestación gloriosa, para poder contemplar tu rostro y ser semejantes a ti.

 

 

Dirijámonos ahora al Padre con las palabras que el espíritu del Señor resucitado pone en nuestra boca:

Todos: Padre nuestro ………….Tuyo es el Reino…

Dios nuestro, que en este día nos abriste las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concédenos a todos los que celebramos su gloriosa resurrección que, por la nueva vida que tu Espíritu nos comunica, lleguemos también nosotros a resucitar a la luz de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

(Bendición solemne de Pascua)

 

Que os bendiga Dios todo poderoso en este día solemne de Pascua y que su misericordia os guarde de todo pecado.

 

Y el que os ha redimido por la resurrección de Jesucristo os enriquezca con el premio de la vida eterna.

 

Y a vosotros, que al terminar los días de la Pasión del Señor celebráis con gozo la fiesta de Pascua, os conceda también alegraros con el gozo de la Pascua eterna. Y la bendición …