FRANCISCO DE ASÍS
800 años de su muerte
IMÁGENES y TEXTOS
Era el crepúsculo del 3 de octubre de 1226. Hace ocho siglos. En el momento en que Francisco exhaló su último aliento, se posó sobre el techo de la Porciúncula una gran bandada de alondras, que prorrumpieron en un alto canto. Un fraile vio su alma ascender al cielo como una estrella. A veces las leyendas describen mejor la realidad profunda que las simples crónicas.
El que salía del mundo era un hombre, un poeta, un vigía en la vida, como una luz que ya jamás volvió a verse en la tierra ni en el mar. Fue un fuego errante, como salido de ninguna parte, en el cual los hombres más materiales podían encender antorchas y cirios. Su vida transformó al mundo.
¿Por qué se sigue recurriendo a él todavía hoy para legitimar toda clase de ideologías y de aspiraciones, algunas de las cuales tienen poco que ver con lo que podemos conocer de su personalidad y de su vida? Porque encarna la esencia del cristianismo en estado puro. Hoy se le suele colocar, junto a Gandhi y a Martin Luther King, entre las raras personalidades que trascienden las fronteras confesionales e ideológicas.
No abandonó el mundo en el sentido de marcharse a regiones deshabitadas. No abandonaban el mundo, como un siglo antes los cistercienses, sino que organizaban su fraternidad en un centro de población, querían estar cerca de la gente.
Lo que muestra la vida de Francisco es una vida desbordante, sentimos que con él se presenta alguien verdaderamente vivo en medio de nosotros. Lo que interesa es describir ese vuelo, dinamismo, ímpetu. Hay en su vida cosas de su tiempo, pero importa lo que hay en él más allí de su tiempo, la intensidad de una visión que desborda su época. Celano: parecía un hombre nuevo y venido de otro mundo.
El Cántico no es tan solo una liturgia cósmica, porque las cinco últimas estrofas están centradas en el hombre. Nacido de la tierra y envuelto por el cosmos, el ser humano no es, sin embargo, ni su centro ni su dueño, aun cuando han sido hechos por él. Por el simple hecho de que se sintió parte integrante de la creación, y no ajeno a ella, Francisco contribuyó a hacer evolucionar la sensibilidad occidental respecto a la naturaleza, a la que rehabilitó y ennobleció, encontrando en ella la imagen de Dios.
El Pobre de Asís no pudo ser asimilado por la Iglesia y sociedad de su tiempo. Precisamente porque contiene numerosas virtualidades que no se han podido desarrollar en el pasado conserva una auténtica fuerza de contemporaneidad y nos interesa todavía.
