LEER EL EVANGELIO HOY – Jn 20,19-23

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LEER ESA PALABRA EVANGÉLICA

 

Una lectura para iniciados

 

Tengamos en cuenta lo tardío de este evangelio. Se trata de un relato muy elaborado, por tanto, con poco poso histórico, aunque por momentos tenga detalles realistas que pertenecen a la memoria del grupo.

Todo el capítulo 20 se compone a partir del tema del reconocimiento. Un tema presente en la literatura bíblica, cuando un personaje divino es reconocido más allá de su envoltura humana. Solo que ahora lo humano no es una simple envoltura, sino que pertenece a la misma revelación.

En este capítulo culmina la narración teológica del evangelio de Juan. Para el narrador, el acontecimiento de la resurrección y la experiencia de la resurrección ocurren el mismo día de Pascua. Pascua y Pentecostés (no hay Ascensión) para Juan constituyen un único acontecimiento: Cristo inaugura el tiempo del Espíritu. Ese don realiza las promesas hechas en los discursos de despedida.

 

Pero, todavía, en ausencia de Jesús, están llenos de miedo, temen ser perseguidos por su relación con el ajusticiado y están aislados del mundo.

 

 

Jn 20,19-23

 

Al atardecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

 

 

  • En una casa, con las puertas cerradas. No solo cerradas, sino atrancadas. Como en el inicio del mundo, hay un caos medroso fuera. Recordemos la precisión temporal: al atardecer, que siempre tiene un profundo sentido en Juan y ecos que vienen de la primera creación, de la lucha de Dios con los poderes del caos[1]. El que atraviesa las paredes no es Jesús revivido, sino el Jesús elevado, el que está junto al Padre. El equivalente al Espíritu.
  • Con miedo a los judíos. Entre los evangelistas, solo Juan dice que el encierro y el temor se debe al miedo a los judíos. Se debe a la situación de la comunidad joánica, excluida de la sinagoga farisea, pero que todavía vive en su área de influencia y, por eso tiene que sufrir vejaciones a incluso algunas formas de persecución.[2] Esta es la situación en que se encuentra la comunidad cristiana inicial: atemorizada, oculta, todavía sin valor de pronunciarse en público a favor del injustamente condenado.
  • Se colocó en medio. Cuando se reúne como comunidad y a la espera de la presencia de su Señor, cuando lo ponen en el medio, es cuando el Resucitado se manifiesta. Los reconocimientos anteriores: el de Pedro y Juan 1-10; el de María 11-18; apuntan al lugar donde están destinados: la comunidad. Jesús en medio de ellos les va a enviar a la misión para prolongar la suya propia. La comunidad cristiana tendrá vida si está centrada en él[3].
  • Paz a vosotros. Para vencer al miedo con el regalo pascual de la paz, como lo había hecho en otras tempestades.
  • Les enseñó las manos y el costado. La duda y el desánimo necesitan todavía de esta identificación corporal. Jesús atraviesa las barreras externas e internas humanas. Cruz y resurrección al mismo tiempo
  • Se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús siempre en el centro de la comunidad. Cuando los discípulos comprenden que el Jesús crucificado y el resucitado son lo mismo, quedan en paz, se alegran. Algo que ya les había pronosticado cuando todo parecía perdido: vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría; cuando aparezca entre vosotros os alegraréis y nadie os podrá quitar esa alegría 16,20-22.
  • Como el Padre me envió, así también os envío yo. La misma misión de Jesús será la de sus testigos: igual que a mí me enviaste al mundo, también yo los he enviado a ellos al mundo 17,18. Ellos tienen por delante la invención constante del camino cristiano. Lo mismo que el envío de Jesús al mundo, por el Padre, fue un servicio prestado a la humanidad (el ejemplo del lavatorio de los pies), lo mismo ocurrirá con los discípulos. Esa forma de vida para la que los ha elegido, preparado y enviado, debe ser cumplida hasta el final, hasta que ellos mismos puedan mostrar también, como él acaba de hacer, las llagas de las manos y el costado. Es decir, con todas las consecuencias que acarrea una vida en cristiano, una misión. Porque nunca les ha ocultado la dificultad de ese cometido: si el mundo os odia, sabed que primero me odió a mí 15,18.
  • Sopló sobre ellos. Recibid el Espíritu Santo. Recuerda la creación humana (Gen 2,7) y la resurrección de los muertos Ez 37, el valle de los huesos. El soplo convirtió a la arcilla en ser viviente, humano. A la creación original corresponde ahora una nueva y definitiva creación realizada por medio del Espíritu. Se trata, pues, de la creación de la humanidad nueva, dotada del espíritu y la vida de Jesús, en virtud de su resurrección. El don de Espíritu compete a todos sus discípulos sin excepción, no está ligado o limitado a una función o a un estado particular de la Iglesia.
  • A quienes libréis de los pecados, les quedan perdonados por Dios. Es decir, no trata de una forma de transgresión moral, sino del rechazo a la revelación cristológica. Alcanza a quien se adhiera a Jesús. Quizá se refiere a la admisión o no al bautismo: luego a la penitencia sacramental. Un poder dado a todos los creyentes: ofrecer la vida en plenitud. Seguirle es salir del sistema injusto, romper con el pasado. Otra opción es seguir adheridos a la injusticia. La aceptación o rechazo de ese amor es el criterio de discernimiento.
  • El relato de esta aparición de Jesús tiene muchos puntos de contacto con la celebración de la eucaristía. Ante todo, aparece la comunidad como algo distinto del mundo y Jesús en el centro, su presencia viva dentro de ella con las marcas de su pasión y muerte, es decir, con las señales de su amor y entrega. Pero, al mismo tiempo, son las señales de su resurrección, de su triunfo. Es decir de su vida que continúa a través de esos símbolos, del Espíritu que se transmite y de la misión que sigue por medio de los nuevos testigos. Asimilando el recuerdo, la vida de Jesús, la comunidad recupera su fuerza y aliento nuevo. Y, al mismo tiempo, renueva su compromiso, continuando la actividad de sanación y liberación de Jesús en medio del mundo, precisamente porque la comunidad no es asimilada. La eucaristía es un éxodo. No porque nos hace salir del mundo, sino que la comunidad permanece ahí, pero fuera de las estructuras de egoísmo y pecado. Recuperemos la escena que recordábamos al principio, Jesús llega, caminando sobre el agua, a la barca sacudida por las olas y el viento: ¿Soy yo, no tengáis miedo! Ellos querían recibirlo en la barca, y en un momento llegaron a la tierra adonde iban 6,21. La comunidad que viaja con ese pasajero en el centro de su barca llagará a la tierra, o al mundo que se busca.

 

Se constata la promesa de plenitud que se ha realizado de todo lo que había sido el mensaje del Jesús histórico. Es la etapa definitiva de la creación, el tiempo mesiánico, el día terminado. Y eso se hace con el regreso del resucitado al interior de la comunidad, que es ya la comunidad mesiánica. El auténtico testigo de la resurrección será el grupo cristiano que, con su estilo de vida, actualiza el de Jesús en el evangelio. La salvación se realiza en la historia. La resurrección, más que un conjunto de verdades confesadas es un dinamismo de vida, una forma de vivir.

El realismo histórico de su Encarnación subsiste entonces en un grupo particular: esos pocos judíos que lo han visto y que pueden atestiguar que ha estado allí son también los testigos espirituales de su presencia entre ellos. La expansión de la fe es real porque hay una expansión de la comunidad; continúa a través de la multiplicación de los creyentes que aprenden a encontrarle en las diferentes situaciones; hace estallar las fijaciones que se debían al realismo de la Encarnación: fijación étnica del pequeño grupo reunido en Jerusalén; fijación mental del recuerdo que se ciñe a la literalidad de sus palabras; etc. Así se manifiesta la naturaleza de este realismo. Los nuevos fieles, recibiendo de los antiguos la tradición de la fe, pero hablando del Espíritu en lenguas extranjeras, rompiendo con su propio testimonio la homogeneidad que se había creado entre los primeros hermanos, muestran que el Verbo no puede ser retenido en el lugar primitivo de su encarnación y que sigue siempre ligado a los hombres y a los lugares.

 

 

Una mirada a nuestro hoy

 

El evangelio de Juan tiene un tema que retoma sin cesar y expone desde diferentes perspectivas: el de la fe. ¿Cómo nace la fe? ¿Cómo se estructura? ¿Cuáles son sus dificultades? El evangelio de Juan se presenta como un drama de la fe; es decir, la fe en acción.

Les propongo que pensemos, en nuestro tiempo, alguna de estas imágenes evangélicas:

  • La casa cerrada por miedos. Si se parece a lo que sucede en nuestra Iglesia, o con algunos de los fieles.
  • La propuesta de Jesús de salir, de no tener miedo, de vivir incluso las heridas con paz. De vivir en misión, que será en varias lenguas y costumbres diferentes.
  • Ser Iglesia es crear servicios (lavar los pies), gestos concretos de humanización, aproximarnos a las necesidades de nuestros tiempo y lugar.
  • Al mismo tiempo de la misión, reuniese siempre como comunidad de testigos, poner a Jesús en el centro, recordar sus palabras, su envío, su estilo de vida.
  • ¿Quiénes harán este servicio del culto, quién reunirá a la comunidad para el recuerdo de la tradición cristiana y la oración, para recuperar la paz?

 

 

Entrevista con Christian Bobin

 

La fe es la vida en su mayor intensidad. No tiene que ver con un aparato burocrático o administrativo, ni con cardenales o el Papa. En nuestra sociedad occidental hay una enorme dificultad en trascender la institución y llegar a aceptar la fe. Es como si la sociedad tuviera dificultad en perdonar a la institución que la representa, sea la Iglesia católica u otras, por el hecho de encontrarla en el camino. Entonces tienen a la fe como algo que no está de actualidad. Algo viejo.

 

Pero debemos olvidar esa faceta institucional, yo lo dejo a un lado. Si tiramos todo, es como si arrojamos al niño con el agua sucia de su baño. ¿Por qué no olvidar las instituciones? Pero no dejar toda esperanza, ni olvidar la fe. La vida es como un cajón de sastre, como un eco múltiple.

 

La fe es tocar, por un momento, lo más caliente de la vida. Es el culmen de la experiencia humana. En ella hay algo que jamás se destruye, ni en los peores momentos. No es la recitación de un dogma, no es un banco que está en el cielo, esos banqueros que de vez en cuando nos pedirán cuentas. La amnesia carcome todo, comienza a acaparar todo. La fe es como un salto infantil por encima del río de la muerte. Es la atención llevada a lo vivo.

[1] Están en el atardecer o en la noche en que el Señor los va a sacar de su opresión. Ya había dicho en el Éxodo: Esta noche el Señor estuvo vigilante para sacarlos de Egipto. Esta es la noche del Señor, la noche en que, en su honor, los israelitas también deberán estar vigilantes, generación tras generación (Ex 12,42).

[2] Todas las escenas de este capítulo 20 tratan de la relación entre el ver y el creer. En nuestro pasaje de hoy, los discípulos, temerosos y encerrados, se llenan de alegría al ver al Señor. Esa relación ver/creer es lo propio de la fe pascual. Por eso decimos que este capítulo narra el nacimiento de la fe pascual.

[3] Dentro de poco el mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis 14,18-19; 16,18ss. Jesús regresa y el grupo de los suyos tiene que ser capaz de verlo. La posible queja de los recién convertidos, que no habían conocido directamente a Jesús, así como el miedo de las comunidades a quedar solas, y por tanto verse privados de la relación con Jesús y con el Padre, pierde su fuerza con el don del Espíritu.